En Buenos Aires pagan un precio muy caro por las cosas que nosotros hacemos en Israel

Amijai “Ami” Ayalon, en exclusiva

En Buenos Aires pagan un precio muy caro por las cosas que nosotros hacemos en Israel
Por: Enrique M. Grinberg

El exjefe del Shin Bet (Servicio de Seguridad) responde a cada una de las preguntas de Nueva Sión con profundidad, inteligencia y generosidad. Se desempeñó como Comandante en Jefe de la Armada, Jefe del Servicio de Seguridad en Israel, y luego fue diputado por el Partido Laborista y Ministro sin cartera. Ente otros reconocimientos públicos que obtuvo, fue premiado con la Medalla del Valor. Fue quien cristalizó y participó activamente en la realización del polémico documental The Gatekeepers (Los Guardianes), dando testimonio, junto a otros cinco jefes vivos del Shin Bet, acerca de su trabajo, el conflicto palestino-israelí, las políticas y los políticos en Israel. Fue gestor junto al palestino Nuseibeh de la iniciativa de paz israelo-palestina llamada Ha Mifkad HaLeumí (Referéndum Nacional). Es una voz crítica de la política de Israel, con peso propio por los diversos roles que desempeñó. Llama a los judíos de la diáspora a salir de su pasividad y silencio frente a las decisiones que toma el Estado judío en diversos temas que tienen consecuencias directas hacia ellos. Hace unas semanas publicó una carta en Haaretz para denunciar la corrupción en Israel, incluyendo en la misma una denuncia a Netanyahu. Quizás su voz, como la de los profetas, sea un llamado a la conciencia de israelíes y de los judíos del mundo para poder vislumbrar un futuro mejor para Israel y las comunidades judías del mundo.

-Es la primera vez que entrevisto a alguien que mucho de lo interesante que tiene para decir no lo puede decir, ¿qué opinás al respecto?
-Pienso que no existe persona que no tenga un secreto. Pero en mi caso los secretos, en ciertas circunstancias, no son privados sino que son públicos. Es cierto lo que decís. Aún en un mundo transparente como lo es hoy, hay aún ciertas cosas sobre las cuales hay que guardar silencio.

-¿Con qué te llevás mejor, con el silencio o con la palabra?
-Me llevo mejor con el silencio, ya que por muchos años, cuando estuve en la Armada, me enrolé en lo que en Estados Unidos se conoce como Navy Seals (la principal fuerza de operaciones especiales de la Armada de los Estados Unidos) o en Israel Comando Naval, y en forma corriente se los llama “los silenciosos”, porque somos buzos y debajo del agua todo es silencioso. Recuerdo que a lo largo de muchos años en la Armada, cuando me liberé, me dije que la forma natural mía es cuando callo. Tiene que haber una situación especial para que yo hable. Cuando me convertí en un hombre público, comprendí que esto se contrapone a todas las reglas públicas y políticas. Por ello tuve épocas, y lo digo no con mucha alegría, que mi estado natural fue que hablé, y tenía que haber algo especial para que me callara. Pero todavía me siento más cómodo cuando callo.

-¿Qué es la vida y qué es la muerte para vos?
-¿Qué es la vida? Es una historia que comienza con el nacimiento y continúa hasta hoy. ¿Qué es la muerte? No sé, te lo voy a decir un minuto después que muera. Pero te digo que para alguien que vio, y lo digo con tristeza, tanta muerte alrededor, pienso que la única cosa que puedo decir sobre este tema es que por toda la muerte que presencié en torno a mí, más aprecio la vida. También digo, de manera contraria a las personas que no estuvieron en los campos de batalla, que soy muy cauto para tomar las decisiones vinculadas entre la vida y la muerte.

-¿Cómo fue tu infancia en el kibutz Maagan?
-Sobre la infancia... ¡me preguntás acerca de algo que pasó hace muchos años! Algo muy, muy subjetivo; en realidad un recuerdo lejano es mi infancia. Según lo siento hoy, fue una infancia maravillosa. Lo digo porque fue algo que pasó hace muchos años. Suena raro, de todas formas intentando chequearlo de manera objetiva, recuerdo que nos tuvimos que resguardar en los refugios cuando los sirios nos atacaron, y murieron personas en el kibutz víctimas de esos ataques, y fueron pocos años después de la Shoá. Diciéndolo de una forma objetiva, era raro. De hecho mis padres, cuando estaban en el kibutz, vivieron con estándares que hoy en día serían de pobreza. Mis padres, o los javerim (miembros) del kibutz, eran una comunidad que en ese momento no se podía definir como pobre. Comíamos carne una vez a la semana.

-Para nosotros comer carne en Argentina una vez a la semana sería casi imposible imaginarlo...
-Sí, me lo imagino, una tragedia. (Risas). De todas formas teníamos una sensación de seguridad, pese a que en los índices de hoy el nivel de seguridad no era alto. Vivíamos en condiciones que hoy se pensarían como una penosa pobreza, pero nosotros en ningún momento nos sentíamos pobres. Y como vos me preguntas luego de tantos años, tuve una niñez maravillosa. Si me preguntas si sería la infancia que anhelaría para mis hijos, les desearía que se sientan como me sentí yo, pero en la práctica que tengan una niñez más segura que la que tuve.

-¿Qué querías ser cuando eras chico?
-A una temprana edad yo supe que quería estar vinculado con el mar pero no desde el aspecto militar. Recuerdo que crecí al lado del Kineret (Mar de la Galilea) y cuando era niño pensaba que el Kineret era un gran mar. Cuando me enrolé me preguntaron por qué quería pertenecer a la Armada, y les dije: “¡Un momento, yo nací al lado del mar!”, y ellos se rieron. De todos modos, luego del servicio militar, pensé que tendría dos o tres años para estudiar oceanografía, ya que estaba bastante influenciado por Jacques Cousteau, el francés, que comenzó a investigar los mares en los años sesenta. Entonces quise estar conectado con el mar y no podría precisar con certeza de qué quería ocuparme.

-¿Cuáles fueron las marcas que te dejó el Ejército?
-(Risas) son preguntas… estuve en el Ejército en tres oportunidades y por muchos años. Tengo una sensación ambivalente. Por un lado, no me gustaban muchas cosas de la vida militar, como por ejemplo la disciplina, las formaciones y las ceremonias. Pero por otro lado cuando era niño, fui un chico “no aplicado”. Existe en Israel un modismo llamado “paseos de tnuá” (movimiento juvenil). Me echaron dos veces en esos “paseos de tnuá” porque no me gustaba caminar en fila. Por otro lado, llegué en los primeros años a una unidad en el Comando Naval, como se lo llama en Israel, que si bien no era que no existía la disciplina, era menos exigente que otras unidades. Principalmente me gustaba el mar y no tanto el Ejército.

-¿Qué te llevó a estudiar Ciencias Políticas y Economía en la Universidad?
-(Risas) Es una historia… Mi esposa me mandó a hacer un test vocacional. La persona que realizó el test me dijo dos cosas: “Primero, en todo lo que estudies te va a ir bien, vas a ser exitoso, pero, si me preguntás, tendrías que estudiar Arquitectura”. Me explicó que para mí era importante la integración entre el paisaje y las construcciones y otras cosas vinculadas a este tipo de tema. Entonces me dije a mí mismo, a lo mejor en la próxima vida estudie arquitectura. Cuando decidí estudiar también sabía que quería continuar en el Ejército, y es por eso que fui a estudiar algo que es en realidad una formación general en Ciencias Sociales. A mi entender, y sin arrepentirme, pienso que fue una decisión acertada. Me ayudó a comprender mejor los comportamientos sociales e individuales, desde el aspecto económico y también desde la mirada de las Ciencias Políticas. El motivo fue porque quise permanecer en el Ejército y no hacer una carrera académica, y por eso no estudié Arquitectura, ni tampoco Oceanografía que fueron dos cosas que seriamente pensé estudiar. Quizás en la próxima reencarnación estudie estas dos cosas.

-Quizás si no vas a ser Primer Ministro como dijiste en estos días podrías estudiar alguna de estas dos cosas, es más fácil que ser Primer Ministro de Israel.
-Primero, tenés razón, es mucho más fácil. Segundo, les digo a todas aquellas personas que me apoyaron, que desde su perspectiva los desilusioné, que hoy sé que no soy el apropiado para ese cargo. En la política tenés que tener un estilo de carácter muy particular para triunfar y a mi entender no tengo ese carácter. Es por eso que me disculpo frente a ellos, pero sé que no encajo, ni tampoco en la próxima vida seré político.

-¿Qué te llevó a ser el jefe del Shabak (Servicio de Seguridad General) y cómo te llevaste con el cargo, teniendo en cuenta lo que recién nos contaste acerca de tu vínculo adverso con la disciplina?
-Mirá tuve problemas en el Ejército, no me gustaba mucho la disciplina.

-Bueno… tampoco los paseos de la tnuá…
-Es cierto, es cierto. Me sacaron una o dos veces de esos paseos. Y por ello… ¿cómo llegué al Shabak?... Luego de haber sido durante tres años Comandante de la Marina, Rabin decidió que la Marina cuente con submarinos más grandes. Entonces respondimos que para la seguridad del Estado de Israel en el siglo XXI, es más importante contar con submarinos grandes que con otra flota de aviones de combate o que otras unidades blindadas. La mesa reducida de generales no consideró nuestra opinión y propuesta, la refutaron frente del Primer Ministro y el Ministro de Defensa. Luego de varios debates, Rabin tomó la decisión de adquirir submarinos y por eso podemos decir que en verdad el Estado de Israel tiene submarinos. Entonces él me pidió qué sea el jefe del Shabak y yo decliné, no quería. Pasado justo un año de eso, cuando culminé el servicio en la Marina, esto fue un mes y medio luego del asesinato de Rabin, me convocó el Primer Ministro Shimon Peres y me pidió que sea el Jefe de los “servicios” ya que Carmi Guillon, Jefe de los “servicios” cuando Rabin fue asesinado, presentó su renuncia. Shimon Peres buscaba un reemplazo y cuando él me lo pidió no lo pude rechazar, esa es la verdad.

-No se le podía decir que no a Shimon Peres en aquellos difíciles momentos…
-No precisamente, pero tenés razón. Es difícil decirlo pero no hay diferencia entre Shimon y Rabin. No le pude decir que no a Shimon Peres pero no porque me lo pedía él, a quien valoré mucho, sino porque Rabin fue asesinado. Lo conocí muy bien, me reunía con él en el marco de mi cargo en la Marina una vez a la semana, por lo menos. Desde mi óptica, con el asesinato de Rabin Israel cambió y la sociedad israelí cambió.

-También el Shabak entró en crisis...
-Obviamente, realmente comprendí la dimensión de la crisis en el Shabak cuando ingresé. Entendí que había una fractura, pero no entendía qué tan profunda era la crisis hasta que llegué. De todas maneras, simplemente no pude negarme, luego del asesinato. Entendí que en realidad, la batalla o la guerra real nuestra está en lo que nosotros denominamos “el frente de la casa” y no contra los enemigos de países o ejércitos.

-¿Cuál considerás que fue el momento más difícil de tu carrera?
-¿Como jefe del Shabak, o en mi carrera o durante mi vida?

-Sentite cómodo de elegir.
-Como comandante, el momento duro a nivel personal fue cuando luego de una operación realizada con torpedos en el Golfo de Suez y en conjunto con el cuerpo blindado pudimos invadir el otro lado del Canal, pero en el camino de regreso murieron tres de los ocho buzos que éramos y uno fue herido de gravedad. Recuerdo que salimos a buscar sus cuerpos en el agua y cuando los vi… en resumen, sacarlos del agua cuando ellos estaban muertos. Quizás fue uno de los momentos más difíciles que atravesé en mi carrera.
Como comandante o conductor de una organización pienso que la serie de atentados. Había transcurrido una semana y pocos días como jefe del “servicio” y a los primeros días los colectivos explotaban. Una serie de atentados donde decenas de personas fueron asesinadas y muchas heridas en Jerusalén y Tel Aviv en el transcurso de diez días. Esos diez días fueron los más duros como jefe de la organización que atravesé en mi trayectoria profesional.

-¿Quiénes son los enemigos de Israel en la actualidad?
-(Silencio) Mirá… (risas), te voy a dar una respuesta. Voy a intentar formular de manera diferente la pregunta. ¿Cuál es la amenaza más dura o la más peligrosa para Israel hoy? ¿Aceptás que esa sea la pregunta?

-Sí, ese es tu lado político que yo te pregunto algo y vos respondés lo que querés. No hay problema, vamos a dejarte tener algunos comodines para adaptar las preguntas.
-La amenaza más dura que enfrenta el Estado de Israel es la separación y la grieta dentro de la sociedad israelí. Dos grietas centrales, una es entre los judíos y los árabes ciudadanos del Estado de Israel y la segunda es entre los religiosos y laicos. Si me preguntás a mí, este es el peligro, la amenaza más dura y peligrosa para el futuro del Estado de Israel.
El poder atómico de Irán es una amenaza existencial muy seria, pero tenemos herramientas para hacer frente a estas cosas. Frente a la grieta interna, todavía no encontramos el camino para asegurar que podamos seguir viviendo juntos aquí debatiendo. Tenemos narrativas diferentes, sueños distintos, y una percepción del pasado y del futuro distinta. Entonces nosotros seguiremos luchando cada uno por su postura. La pregunta que surge entonces es: ¿Cómo hacemos esto sin matarnos los unos a los otros? Esta es la pregunta verdadera que a mi entender debe hacerse dentro de la sociedad israelí.

-Gracias por enriquecer la pregunta original que te hice. ¿Qué sentís cuando un político toma una decisión contraria a la que sugeriste, sabiendo que tenías razón?
-Cuando estuve involucrado en la política comencé a discutir. Pero al final te das cuenta que la democracia tiene reglas y en toda organización, también en el Ejército, incluso en empresas u organizaciones civiles, hay alguien que finalmente debe tomar la decisión. Hubo decisiones a las que me opuse y también operaciones que no tendrían que haberse ejecutado. También decisiones políticas que no se tendrían que haber tomado. Yo me mantengo en mi posición, es la única herramienta que tengo. En ciertas oportunidades esta postura me llevó a presentar mi renuncia, como por ejemplo cuando no estuve de acuerdo con el camino que tomaba Avodá bajo el liderazgo de Ehud Barak. Cada uno tiene su forma de luchar por sus ideas.

-En la Argentina sufrimos dos atentados terroristas. El primero a la Embajada de Israel (1992) y el segundo en la sede de la AMIA (1994), ¿Tenés algo para decirnos al respecto y el rol de Israel en la investigación de los mismos?
-Te voy a dar una respuesta, pero no a la pregunta que me hiciste.

-Tenés solamente dos comodines para acomodar un poco la pregunta.
-Este es el segundo. Conozco de cerca estos atentados porque los estudié cuando estuve en el Sherut Bitajon Klalí (Servicio General de Seguridad). El atentado a la Embajada es claramente responsabilidad del Servicio General de Seguridad. La seguridad de las embajadas de Israel en el exterior está bajo responsabilidad del “servicio”
La mayoría de las investigaciones tienen argumentos que son muy acertados en relación al rol del Estado argentino y de los diversos gobiernos de Argentina. También sobre el tema de las informaciones de inteligencia. Me gustaría decir una cosa. Recuerdo estos atentados muchas veces cuando doy conferencias fuera de Israel, cuando hablo del Estado de Israel como Estado del pueblo judío. Principalmente me dirijo a comunidades judías en general en Estados Unidos y en otros lugares en los que me presento, y les digo: “Nosotros queremos que nos digan qué es lo que ustedes piensan, nosotros queremos que nos digan qué piensan sobre la percepción de la religión en Israel”. Porque Israel define la religión de acuerdo a la ortodoxia y de hecho los gobiernos de Israel no reconocen a las corrientes liberales del judaísmo como corrientes legítimas. También queremos que nos digan qué piensan acerca de nuestras políticas sobre el tema de los palestinos, y sobre otros temas. Por lo general las respuestas son negativas. Me dicen: “Nosotros no vivimos en Israel, no tenemos derecho a involucrarnos”. Y yo digo que no, el Estado de Israel es también vuestro Estado y cuando esta respuesta no los convence yo les doy el ejemplo de estos dos atentados. Nosotros decimos que todo miembro de Israel es responsable el uno por el otro. Que les quede bien en claro: ustedes en el caso de Buenos Aires pagan un precio muy caro por las cosas que nosotros hacemos en Israel. Nosotros sabemos con certeza hoy que el atentado a la Embajada de Israel en Buenos Aires, donde murieron israelíes, pero no sólo israelíes, fue una respuesta al asesinato de Abbas Musawi en el sur del Líbano. Él era un terrorista. Tienen que entender que parte de la violencia que ustedes sufren, parte del antisemitismo en el mundo en general y en Argentina en particular, es por consecuencia de algunas cosas que nosotros hacemos en Israel. Es por eso que estos atentados son tan importantes a mí entender. Son un símbolo que refleja la mutua responsabilidad.

-Acuerdo totalmente y de hecho siempre trato de que la gente se involucre y vierta su opinión sobre el acontecer de Israel en temas religiosos y también sobre política. Creo que el Estado de Israel es la construcción más importante del pueblo judío en su conjunto de los últimos tiempos.
-El Estado de Israel es el único en el mundo que pertenece no sólo a sus ciudadanos: le pertenece a todos los judíos, estén donde estén. A mi entender es una obligación de los judíos en el mundo darnos su opinión acerca de nosotros.

-¿Pensás que la Knesset puede ser el ámbito natural para esto, tomando el ejemplo de Italia, entre otros, que tiene representación en su Senado y el Congreso de los ciudadanos italianos que viven en el exterior?
-No incursioné mucho en pensar ese tema. Pero pienso que en cierta medida hay muchos parlamentos que tienen una “Cámara Superior”, “Cámara de los Lores”. Creo que de cierta manera tenemos que darle a esto una expresión. Si es por medio de asignar escaños en la Knesset o en alguna “Cámara Superior” para que puedan intervenir en temas particulares fijando políticas. Pienso significativamente que son de las cosas que tienen que ingresar en la opinión pública en Israel.

-En 2002 lideraste una iniciativa que se llamaba Hamifkad Haleumi (Referéndum Nacional), ¿cómo evalúas esta estrategia? ¿La considerás un fracaso?
-Hay tres cosas. La primera es que no me arrepiento de haberla liderado por diversos motivos. La pregunta es: ¿cómo las iniciativas civiles se convierten en un modelo exitoso? Es un tema muy complejo porque finalmente la sociedad civil no tiene potestad ni el derecho de tomar decisiones. Y por eso, de cierta manera intentás medir el impacto del mismo grupo civil frente a aquellos que toman las decisiones.
Ante todo, desde el aspecto cuantitativo, fuimos exitosos en la recolección de firmas. Fueron más de 444.000 israelíes y palestinos que dieron una lección emocionante. Nunca antes hubo ninguna iniciativa que haya conseguido reunir un número así de firmas. Entonces este es el primer punto.
Ahora, en segundo lugar, si me preguntás si logramos llegar a un arreglo de vecinos, la respuesta es que eso no pasó. En eso fallamos. Pero, por otro lado, sé con certeza, porque Duby Weissglass -que era el hombre más cercano a Sharon-, lo dijo y también lo escribió, el Mifkad Haleumi, fue una de los temas centrales que finalmente llevó a Sharon a retirarse de Gaza. El paso que él dio, a mi entender, también fue un paso muy importante.
Por diversos motivos esta fue una iniciativa que concretó una gran parte de sus objetivos. Por supuesto que no llegamos a un acuerdo nacional.
Otra cosa de la que puedo decir que nos equivocamos fue que pensamos que estaba prohibido ocuparse del pasado. Recuerdo que me reuní con el profesor Sari Nuseibeh, que hoy en día es un buen amigo mío en Jerusalén y ambos decidimos no ocuparnos del pasado. Dijimos eso porque en el pasado estamos partidos. Hay narrativas opuestas y tenemos una percepción distinta de quien tiene razón y quien no la tiene, entonces nos vamos a pelear sobre lo que pasó en el ‘48, si fue Haatzmaut israelí o Nakba (tragedia) palestina. En síntesis, si nos ocupamos del pasado continuaremos matándonos los unos a los otros cien años. Entonces dijimos que íbamos a hablar solamente del futuro, porque en el futuro estamos relativamente cerca. Sabemos cuáles son los parámetros de cómo tendría que verse un acuerdo.
Pero en retrospectiva sé que no nos podemos desprender del pasado. Las personas, nuestros temores, de todos, sea dicho de paso, como grupos, no sólo de individuos, se fundamentan mayormente con las narrativas y con la percepción del pasado. Nosotros los judíos, queramos o no queramos, todavía miramos a la historia y vemos la inquisición, vemos la Shoá, vemos los pogroms, vemos a Jmelnitsky. Por ello se da la situación absurda. Hoy el público en Israel tiene miedo. Te preguntás por qué. Nosotros somos en verdad el Estado más fuerte en todo parámetro: militarmente, económicamente, políticamente, científicamente, y todavía la sociedad israelí es temerosa. Pienso que no tenemos otra opción, en verdad, de relacionarnos con el pasado y formular cierta narrativa que nos permita mirar a la realidad con ojos más reales y no deslizar el pasado de 45 años a nuestra espalda, cada vez que miramos alrededor y vemos cierto evento. Siempre digo que nosotros somos los mejores del mundo identificando peligros. Pero para crecer, cada vez que identificás un peligro, tenés que visualizar también una oportunidad. El Estado de Israel, la sociedad, nosotros, no sabemos identificar oportunidades, y hay muchas oportunidades también en el Medio Oriente actual.

-¿Seguís creyendo en la existencia de partners del lado palestino como Nuseibeh?
-En este proyecto no. Nuseibeh es profesor de filosofía y me dijo: “Yo quise dos Estados, entendí que ustedes no pueden, ustedes los judíos, los israelíes, no pueden, no me darán un Estado, y por eso yo quiero un solo Estado. Soy una persona, soy un ser humano, yo exijo mis derechos civiles”. Y por eso habla de un solo Estado para todos sus ciudadanos. Es una linda idea pero lamentablemente en Medio Oriente, un solo Estado para todos sus ciudadanos será Siria. Pienso que las personas se olvidan, también las personas muy inteligentes, que ni el judaísmo ni el islam dieron el paso que dio el cristianismo, que después de muchos años de luchas y millones de muertos entre las guerras de la Iglesia y la monarquía llegaron a la situación de separación entre la religión y el Estado. Toda percepción de la identidad, también la judía y la islámica, tienen un elemento religioso muy fuerte. Nosotros no separamos entre nacionalidad y religión. Es por eso que en Medio Oriente un Estado para sus ciudadanos sería Siria.

-¿El “tema palestino” sigue siendo un tema relevante para los israelíes?
-Si le preguntás a los israelíes acerca del tema palestino, la respuesta depende de cuando lo hagas. Si preguntás en una época que hay atentados, es muy relevante. Hace dos años en la época de “los acuchillamientos”, en la zona de Jerusalén, era entonces muy relevante. Pero el tema palestino es relevante sólo cuando hay violencia. En el día a día de la vida del Estado de Israel este tema es inexistente.

-¿Creés que es posible que la mayoría de los palestinos algún día estén dispuestos a renunciar al “derecho de retorno”?
-Aquí hay que entender algo en relación al “derecho de retorno”: todo pueblo tiene un sueño. La mayoría de los judíos tienen un vínculo emocional muy profundo con algunos lugares en la tierra de Israel, no creo que nadie renuncie al sueño de Bet El, de Jericó o de Hebrón o de Belén. Nosotros estudiamos los relatos bíblicos desde que éramos niños, y nosotros mamamos este sueño por medio de los relatos de nuestra niñez. De la misma manera los palestinos tienen sus sueños. Ellos sueñan con Yaffa, con Safed, con Rambla y con Lod y con Ijzim.
Sea dicho de paso te voy a hablar de Ijzim hoy. El poblado en el cual vivo, Keren Maharal, hasta el ‘48 fue una localidad árabe en la cual vivían tres mil árabes. No van a renunciar al sueño.
La mayoría del pueblo palestino, hablo ahora de los palestinos de Judea, Samaria y Gaza, una proporción del 75%, son pragmáticos y saben que si ellos quieren un Estado, va a ser un Estado sin “derecho a retorno”. El liderazgo tiene que hacerle frente a las minorías en ambos lados, de alrededor del 20%, que no va a claudicar. Incluso algunos de ellos estarían dispuestos a salir a dar la lucha para que esto no ocurra. Y en la realidad esto es lo que pasó: quienes realmente lideraron a Medio Oriente desde mediados de los ’90 fueron las minorías violentas de ambos lados. Quien asesinó a Rabin cambió de gran manera la dirección en la cual se dirige a Medio Oriente. Como así también el terror islámico palestino, y la resistencia judía que asesina a palestinos que no hicieron nada malo. Estas son las cosas que nos condujeron hasta donde estamos hoy.

-¿Creés que el uso de la fuerza militar trae más seguridad?
-No. Nosotros tenemos que hacer una separación entre seguridad y defensa. Israel es el único Estado, o el único que conozco, que la oficina en la que se concentra la defensa no se llama Ministerio de Defensa, sino Ministerio de Seguridad. La defensa es algo que podes medir. Sabes cuánta plata y cuántos recursos, sistemas de combate y cuánta ciencia ingresás y como resultado de eso, qué defensa obtenés. Podés medir cuántos ciudadanos están protegidos y cuántos civiles mueren si golpea el enemigo. En cambio, la seguridad es una percepción subjetiva de una persona o de un grupo. Es una percepción vinculada a la narrativa, a una perspectiva histórica, o del mundo de los temores que cada uno de nosotros crea. Es por ello que si me preguntás si las guerras de hoy nos traen más seguridad, mi respuesta es no. El Ejército de Defensa de Israel es en verdad uno de los mejores ejércitos del mundo y nos brinda una defensa extraordinaria. No existe un Estado protegido frente a misiles tierra-tierra o cohetes como el Estado de Israel. Cientos o miles de cohetes nos disparan y algunos pocos civiles mueren. Es por ello que desde el aspecto de la defensa, Israel está muy protegido. Desde el aspecto de la seguridad, los ciudadanos sienten falta de seguridad.

-¿Te definirías como alguien de izquierda en el mapa político israelí?
-No comprendo realmente la división entre izquierda y derecha. Me defino a mí mismo como un israelí que sueña con el día en que el Estado de Israel pueda estar cerca, todo lo posible, a la imagen que construimos en el Acta de Independencia. Y esto es en realidad lo que define mis posturas. Entonces creo que para que esto suceda, debemos en realidad dejar de controlar a un pueblo extranjero y debemos salir de la mayoría de los territorios de Judea y Samaria. Mis posiciones son posturas que de una manera muy clara en Israel hoy, están definidas como posturas de izquierda, estoy orgulloso de eso. Por otro lado, no soy un hombre de izquierda, porque yo no veo a los colonos como enemigos. Ellos no son el enemigo. Todos los gobiernos de Israel los enviaron a asentarse allí, miembros de mi kibutz salieron a asentarse, también en el Sinaí, en las alturas del Golán y en margen del Jordán. Esto debido a que el sionismo que construyeron mis padres fue un sionismo de asentamiento, de seguridad. No son mis enemigos, ellos fueron enviados, ellos fueron los pioneros de los años ’70 y ‘80. Pero hoy sabemos que triunfamos y el mundo árabe reconoce al Estado de Israel de acuerdo de las resoluciones de la ONU 242, 338 y los acuerdos de paz con los árabes, y éstas deben ser las bases para la negociación. Mis posiciones son -de una manera muy definida- posturas de izquierda. Pero muchas personas de izquierda no me perdonan que yo no odie a los colonos y no vea en ellos a un enemigo.

-En el año 2012 le dijiste a la periodista americana Charlie Rose que creías que, si no había solución política, Israel estaba yendo en la dirección de apartheid. ¿Aún seguís sosteniendo esa idea?
-Categóricamente. No digo que en Israel haya apartheid pero sí en los territorios de Judea y Samaria. Allí hay leyes diferentes para israelíes y leyes diferentes para los palestinos, y no hay otra definición para el apartheid.

-¿Qué opinión tenés sobre el caso de la joven palestina Ahed Tamimi?
-Pienso que nosotros cometemos casi todos los errores en el tratamiento de la joven Tamimi. La veo como alguien que respondió de una manera violenta frente a un soldado que en realidad ingresó y atacó a su familia, esta es precisamente la tragedia de la situación. Los soldados hacen estas cosas porque no existe otra opción para cuidar que no haya terrorismo, y estas son las cosas que nosotros requerimos hacer. Nosotros la convertimos en una heroína palestina. El único héroe en este evento fue el oficial que recibió una bofetada y no respondió. Él sabía que no estaba bajo ningún peligro, y que esta chica le dio un cachetazo porque su primo fue herido en su cabeza, e ingresaron a su casa y la atacaron, y él no respondió. En mi opinión ella se convierte hoy en un modelo a imitar por jóvenes palestinas, y que no nos sorprenda encontrarnos con situaciones similares o mucho peores. ¡Hay que liberarla! Es una joven que respondió a una acción del Ejército que ingresó a su casa e hirió a un familiar suyo. Ahed Tamimi es el espejo que nos refleja que existe el apartheid en los territorios de Judea y Samaria. Una ley para una joven palestina que golpea a un soldado y otra ley para jóvenes judíos que atacan soldados.

-¿Qué pensás acerca de la condena que se le dio al soldado israelí Elor Azaria por haber rematado de un tiro en la cabeza al atacante palestino Abdelfatá Al Sharif, quien se encontraba herido e inmovilizado?
-Hay que entender que Elor Azaria es una víctima de la realidad. La situación en donde nosotros mandamos soldados a Hebrón y después necesitamos enfrentarnos a preguntas como si tenía miedo o no cuando ellos dispararon es una situación intolerable. Pero en el caso particular de Elor Azaria, está sumamente claro que le estaba prohibido disparar. Yo pensaba que tenía que recibir una condena más severa, pero el Tribunal estableció lo que estableció. Fue un proceso certero y muy importante. El Estado de Israel estableció una norma que dice que no se puede matar si es que no ves un peligro claro e inminente de perder tu vida, eso es muy importante.

-Hace un tiempito escribiste una carta pública en Haaretz acerca de la corrupción en Israel. ¿Qué te motivó a realizarla y por qué elegiste como destinatarios a Naftali Bennett, Avi Dichter, Uzi Dayan y Yoav Galant?
-Ante todo te cuento que esa carta es la continuidad de un discurso que di en una manifestación en Tel Aviv sobre el tema de la corrupción en el Gobierno. Digo también estas cosas en la radio, y en muchos lugares a los que me invitan. En esta oportunidad, me dirigí a ellos porque al final la pregunta es: ¿Quién decide si un líder es o no corrupto? A mí me dicen que aún el Tribunal no decidió si es corrupto, ¿Qué crees vos? Yo digo que hay una sensación que el Primer Ministro no puede disipar las nubes de la corrupción que hay sobre su cabeza. Gran parte del público piensa que él es corrupto y que sus posiciones están siendo afectadas como resultado del proceso que él está dirigiendo.
Yo envié personas a la batalla y vi primeros ministros y ministros que enviaban personas a la batalla, y yo sé que la realidad en políticas de seguridad en el Estado de Israel obliga a tomar decisiones entre la vida y la muerte casi todas las semanas. Es por ello que me dirigí a ellos, porque ellos tienen un pasado en la seguridad, y ellos quizás son los únicos en el Parlamento que entienden en profundidad el significado de enviar personas a la batalla. Por eso me dirigí a ellos, pese a que son de partidos políticos diferentes. No me identifico con las posiciones políticas de ninguno de ellos, pero pienso que pese a las controversias por nuestras posiciones en temas de sociedad, moral, economía, nosotros tenemos que acordar que una persona que está en la situación en la que está el Primer Ministro hoy, no tiene la autoridad para enviar personas a la batalla. Por eso me dirigí a ellos.

-¿Creés que Bibi Netanyahu decepcionó a los votantes del Likud? ¿Por qué?
-Pienso que Bibi en realidad tiene entre un 25 y un 30% de público que piensa que él tiene que ser Primer Ministro. Digo esto con tristeza, pero esta es la verdad. Nosotros no tenemos otra información más que las encuestas y las encuestas nos dicen que aún tiene un apoyo muy amplio. Puedo explicar o analizar por qué sucede esto, pero eso no es importante en este momento, esta es la realidad.

-¿A quién ves como sucesor para Primer Ministro y como líder del Likud?
-Ante todo, respecto a los líderes del Likud, nunca voté al Likud, tampoco voy a votar Likud. Yo, en este momento, no sabría a quién votar. Me gustaría que el próximo tenga posturas políticas totalmente diferentes a Netanyahu, pero pienso que finalmente lo importante es qué dirá el público en Israel. Si Bibi hiciese solamente lo que él quisiera, entonces no construiría por fuera de los bloques de los asentamientos, por fuera de la línea de la valla seguridad. A lo mejor daría pasos políticos que le permitirían ingresar a una forma de negociación. Si él no hace estas cosas es porque todo el tiempo está pensando cómo ser reelecto y no en lo importante para el Estado de Israel en los próximos 40 años. Ahora, a mi pesar, no es solo él. Todo político hoy, todos los líderes políticos están debilitados. Puedo decirte que todo político se pregunta todas las mañanas qué tiene que hacer para ser reelecto, y sobre esto te puedo decir que nosotros salimos del Líbano no porque Ehud Barak quería, sino porque él entendió que si quería ser reelecto, debía hacerlo. Arik Sharon construyó la valla de seguridad no porque él quiso, él entendió que creó una realidad de dos Estados, porque había atentados y el público israelí lo presionó, y él entendió que estaba obligado a cuidar la legitimidad en el público en Israel, y de la misma manera con la desconexión de Gaza. Yo no sé quién será el líder luego de Netanyahu, pero sea quien sea, lo importante es que el pueblo presione de cierta manera para llegar a un arreglo. La paradoja es que en el Parlamento de hoy la mayoría de los diputados están de acuerdo en dos Estados para dos pueblos. También el partido de Kahlon, y en síntesis, también hasta Avidgor Lieberman. Lo importante es lo que diga el público y la presión que ejerza.

-¿Crees que hay un sector moderado de Likud que puede hacer avanzar el proceso de paz?
-Sé que hay, yo lo vi en el pasado. No sólo eso, sino que te puedo dar nombres también, pero no te los doy porque no los quiero perjudicar. Pero lo sé, conozco miembros del Parlamento del Likud que no tienen ningún problema con dos Estados para dos pueblos. Pero hoy tienen miedo de decir su opinión porque quieren ser reelectos. En el Likud de hoy no podés ser reelecto si hablás de dos Estados para dos pueblos. Pero fuera del Likud la mayoría de los ortodoxos no tienen ningún problema con esta solución. Hasta en el  Parlamento actual esto es mayoría.

-Antes de preparar las preguntas para la entrevista volví a ver la película Shombrei Asaf (Los Guardianes/The Gatekeepers), una película que las vi muchas veces y las debatí otra tantas. Me gustaría preguntarte, ¿qué te llevó a motivar a tus colegas para que aparezcan en la misma? ¿Fue el poder hablar sobre lo que no se puede decir? ¿Fue un intento de mandar un mensaje a la clase política israelí? ¿Una especie de reivindicación de vuestra tarea?
-Te voy a decir que cuando se puso en contacto conmigo Dror Moré, le dije que iba a hablar si todos los jefes del Shabak se unían a mí. Entonces me dijo “ayúdame”, y por supuesto lo ayudé. Te puedo decir que si cuatro jefes del Shabak dicen una cosa, y otros dos dicen otra cosa, entonces esto no tiene ninguna importancia, cada uno tiene su propia opinión. Este mensaje tiene fuerza sólo si todos los jefes del Shabak dicen las mismas cosas. Sin ninguna relación, el mensaje es el mismo, sin importar a qué partido político pertenecen: Yaacov Peri estuvo en el partido Yesh Atid-Hay Futuro, Avi Dichter estuvo en Kadima-Adelante y hoy en el Likud.

-¿Y a quién estaba dirigido el mensaje de la película?
-Le hablé intencionalmente a los jóvenes en Israel. A la mayoría de ellos, también a aquellos que sirven en el Tzahal, ellos desconocen todo el precio que tenemos que pagar por continuar y vivir en Judea y Samaria.

-¿Shombrei Asaf es Shovrim Shtika (Rompiendo el silencio)del Shabak?
-De cierta manera, sí. Si vos les decís eso a mis amigos del Shabak no les va a gustar mucho. Pero sí. ¿Qué es Shovrim Shtika? No son objetores de conciencia, son personas que van a servir en las unidades más difíciles y cuando salen del Ejército, ellos cuentan lo que vieron. Entonces de cierta manera Shombrei Asaf es Shovrim Shtika del Servicio de Seguridad General.

-En la película te preguntás acerca de qué tenés en común con los extremistas que incitaban al asesinato de Rabin. Te pregunto, ¿tenés más en común con ellos o con los palestinos pacifistas?
-Sin dudas soy judío, pero si me preguntás te lo digo certeramente: si las personas que apoyaron, o los grupos extremistas que prefieren el asesinato de un Primer Ministro en el caso de un arreglo de paz, tengo mucho más en común con amigos palestinos, o con palestinos que quieren la paz que con ellos.

-En otro fragmento del documental planteás una fórmula que me parece que es la clave para entender la lógica actual del conflicto israelo-palestino. Decís: “Queríamos seguridad y obtuvimos más terrorismo. Ellos querían un Estado y obtuvieron más asentamientos”. ¿Sigue siendo vigente esta ecuación?
-Sí, todo el tiempo que continúen los asentamientos, te lo digo incluso con tristeza, nosotros seguimos tomando de su sueño de país. El terrorismo casi no existe, pero no porque ellos no quieran. Hoy 75% de los palestinos creen que el único camino para finalizar la ocupación, o para lograr el Estado Palestino, es vía una intifada armada. Entonces esta ecuación consciente entre los israelíes y palestinos todavía existe.

-Unas de tus últimas declaraciones en la película fue: “Siempre me dijeron: “Nosotros no somos sus agentes, no encarcelamos a miembros de Hamás en beneficio de ustedes. Sólo lo hacemos porque al final del día, tendremos un Estado junto a Israel. Cuando ya no creamos en eso olvídense de nosotros”, ¿Creés que esa colaboración cesó porque los palestinos vislumbran que no tendrán su Estado en un futuro cercano? ¿Creés que hay un cambio de paradigma y cómo mencionaste en la película para los palestinos la victoria es verte sufrir?
-No, yo pienso que la mayoría de los palestinos quieren un sólo Estado para todos sus ciudadanos, un Estado Palestino. Los palestinos están divididos en algunas cuestiones. La primera es sobre cuál es el territorio ocupado. La mayoría, entre un 75 y un 80%, piensa que son los territorios del ‘67. Existe un grupo del 20% que cree que todo el territorio es palestino, es decir del ‘48, es una minoría. La segunda cuestión es cómo lograr el fin de la ocupación, cómo lograr el Estado Palestino. Y aquí el 75% cree que Israel sólo entiende el uso de la fuerza, y que el mundo los ha abandonado, y que sólo por medio de una intifada armada o por medio de la Jihad, finalmente lo lograrán. Ellos no creen en las negociaciones.

-¿Todavía siguen con la esperanza de que finalmente puedan tener un Estado?
-Por supuesto. Ellos creen que para que esto pase tendrán que luchar violentamente. Volviendo a la pregunta anterior, la tercera cuestión es si, cuando exista el Estado Palestino, será más democrático o será un país que su ley sea la ley de Islam, la Shaaría. Aquí también entre el 75% quieren un Estado más civil, más democrático. La sociedad palestina es una sociedad menos religiosa en el marco del Medio Oriente hoy. Digo esto, porque mi reclamo es que en el momento en que haya un horizonte de Estado, en ese momento que ellos crean que se puede llegar al Estado Palestino por negociación, la mayoría elegirá por la negociación. Simplemente, ahora,  ellos no creen en la negociación.

-En otra parte de tu testimonio decís lo siguiente: “La tragedia es que ganamos todas las batallas pero perdemos las guerras”. ¿Creés que aún seguimos ganando todas las batallas luego de la última incursión en Gaza y guerra en Líbano?
-Sí, en realidad es esa la paradoja. La pregunta es el modelo, si el modelo son los logros militares, entonces en las batallas el Tzahal destruyó los túneles, destruyó la infraestructura militar de Hamas en Gaza, Ezzeldin Al-Qassam y lo mismo en el Líbano. El problema es que esta guerra nosotros no la podemos ganar solamente con la fuerza militar. Y nosotros no entendemos. Lo dijo Dan Shombron en la primera intifada, en el año 1988, siendo Jefe del Estado Mayor. Cuando Rabin le dio la orden al Ejército de vencer en la intifada, él le dijo que no se puede triunfar con el Ejército. Lo que puede hacer el Ejército es disminuir la violencia para que después los estadistas lleguen a cierto arreglo. Creo en esto hasta este día. La intifada, en general la violencia palestina, o la aspiración palestina de libertad, no es un fenómeno militar. Incluyo a Hamas. Hamas no es un fenómeno militar, tiene un brazo militar, Ezzeldin Al-Qassam, pero es ideología. La ideología la podés vencer sólo con una idea más grande.

-Para terminar vamos con dos preguntas que creo que son más fáciles de las que compartimos: ¿cuál fue el último libro que leíste? y ¿cuál fue la última película que viste en el cine?
-El último libro justamente lo leí y lo perdí en el aeropuerto: The Utility of Force, del General Rupert Smidth. Un libro excelente que habla de verdad sobre la guerra a comienzo del siglo XXI. Y hay una novela que leí, pero fue en un vuelo, Oranim-Pinos, una novela israelí muy exitosa. Y la última película que vi fue “Las horas más oscuras” sobre Churchill, las decisiones alrededor del operativo “Dunquerke”. Una película extraordinaria en la que muchas cosas son relevantes para nosotros.

-Ami, de verdad, muchas gracias por tu tiempo, fue un placer, no es una entrevista sino un libro lo que tenemos…
-(Risas) Así es, un placer también.

Publicado en Nueva Sión: http://nuevasion.com.ar/articulo.php?id=6566

Hay esclavitud donde…, por Enrique M Grinberg



Hay esclavitud donde…

El interés está por encima del amor.
La mano en lugar de abrirse se cierra al hermano.
Se endurece el corazón frente al sufrimiento.
Se hacen oídos sordos al clamor del prójimo.

Hay esclavitud donde…
El cuanto es lo que guía.
Lo material se adueña del espíritu.
El poder hace uso y abuso.
Lo virtual vale más que el vínculo real.

Hay esclavitud donde…
La violencia se adueña de la vida.
La mentira se disfraza de verdad.
La impunidad es moneda corriente
La justicia es tardía.

Hay esclavitud donde…
No hay ideología.
El ahora no es ya mismo.
El aquí es lejano.
El yo, es solo yo y no yo-tu.


Sigal Bujman, Cineasta del mundo


Se define a sí misma primero como ciudadana del mundo, segundo como judía e israelí. Nacida y crecida en un kibutz de los años ‘60, decidió dedicarse al cine con la esperanza de alguna vez poder conocer el mundo y mostrar la riqueza cultural y la diversidad de realidades e historias con la cuales se encontraría. Visitó Buenos Aires en oportunidad de realizarse el Festival Internacional de Cine Judío en Argentina, donde presentó con mucho éxito el primer documental de su autoría, titulado Vitch. Por Enrique M. Grinberg

-¿Existe para vos un género que podríamos llamar cine judío?
-Creo que el cine judío muchas veces aborda temáticas como ser la Shoá o el conflicto israelo-palestino y hay pocos cineastas que salen de estos tópicos, por lo menos es eso lo que pasó durante muchos años. En Israel todavía se producen películas que tratan temas vinculados a las guerras, la Guerra del Líbano por ejemplo, como que no se puede salir de eso. Aparecen, aquí, allí, historias urbanas. Pero como que no se puede salir de la Shoá y del conflicto.

-Tu documental Vitch se puede incluir en esta definición de cine judío.
-Es una muy buena pregunta porque no sé, no estoy segura. Por un lado sí, es totalmente un tema judío. Pero por otro lado, mucha gente me ha dicho que es un tema general. Es un tema del ser humano, que podría ser en otro lugar. Podría haber sido aquí en Argentina en la dictadura de los setenta o con Stalin en la Unión Soviética.

-Una vez escuché decir a un gran comentarista de cine que hablar de cine es hablar de judaísmo, ya que el cine es un invento judío, comenzando por Hollywood.
-Estoy totalmente de acuerdo. En el caso de mi documental, trata de un judío llamado Eddie Vitch que es el judío errante, que está siempre buscando su lugar. Está buscando pertenencia. Esa búsqueda errante es algo que atraviesa mucha gente hoy, son los actuales refugiados, se pueden identificar. Lo que pasa en Estados Unidos con los hispanos, “los soñadores”, es una historia bastante equivalente. Cada inmigrante puede tener ese vínculo con Eddie Vitch, quien lo hizo seis veces en su vida. Siempre yendo de un lugar a otro sin encontrar su lugar. Siempre lo quieren echar, lo persiguen, o por la guerra, porque lo desterraron o porque quería procurar una vida mejor. Para mí esto es algo típico judío desde los sefaradíes.
Acerca de lo que me preguntaste antes del género judío, ya no se trata de reflejar una travesía, porque es definitivo que estamos en Israel y que sabemos que pasamos la Shoá. Es por eso que no creo que existan muchas películas de aquel judío errante que va buscando y tratando de pertenecer. En Israel, el cine ya tiene lugar, como los judíos y los israelíes tienen lugar.

-Si tuvieras que definir tu identidad actual, cómo lo harías: ¿israelí fuera de Israel o judía en la diáspora?
-Me definiría como una ciudadana del mundo, como Eddie Vitch. Porque no quiero pertenecer a ningún lugar, pero también me identifico como judía. Siento el judaísmo como de esa persona que va de un lugar a otro, no necesariamente quiere pertenecer a un lugar.

-Puedo inferir entonces que el documental en cierto lugar también cuenta tu propia historia, tu propia búsqueda…
-Así es, la búsqueda de lugares. Pero yo no quiero necesariamente pertenecer, y él creo que tampoco quería, pero iba de un lugar al otro por necesidad, porque lo expulsaban o quería irse.

-¿Qué diferencia encontrás entre ser judía en Israel  y en la diáspora?
-Los israelíes no se identifican como judíos, se identifican como israelíes. Algunos de los palestinos también son israelíes pero son árabes-israelíes. Pero los judíos no dicen soy judío-israelí, toman como un hecho la identidad israelí. No tienen que decir que son judíos los israelíes. Yo soy israelí porque nací y crecí en Israel, pero no me siento que me define completamente. Cuando estaba en la escuela secundaria en el kibutz, un día nos ponen en un cuarto donde había en cada rincón un cartel con consignas acerca de la identidad. En un rincón decía “soy kibutznik (miembro del kibutz)”, otro rincón decía “soy ciudadano del mundo, cosmopolita”, otro decía “soy israelí” y el último “soy judío”. La mayoría de la gente se ubicó en el rincón del “soy israelí”, y yo y dos chicos más nos ubicamos bajo el cartel que decía “ciudadano del mundo, cosmopolita”, solo tres de nosotros. Uno de estos chicos vive fuera de Israel al igual que yo y el otro está en Israel. Pero todos los demás siguen en el rincón de los “israelíes”, como que no tenían duda de que son israelíes.

-También a veces te marca la identidad el afuera. Sobre todo al sentirse amenazados como en el caso de los israelíes, la respuesta más fácil es decir “soy israelí”, es una definición que aglutina a la sociedad. El otro caso es la discriminación como judíos, en ambos casos el tema es si se aceptan o no las presiones por etiquetarte del afuera. En tu caso es más amplio aún cuando decís quiero ser ciudadana del mundo, sos israelí y judía y salís al mundo.
-Con eso es con lo que me identifico. Quizás es por la influencia que tuve viviendo aquí, en la Argentina en los años ‘70. Se me abrieron los ojos. Me encanta el mundo, no quiero pertenecer a un lugar. También mi trabajo como realizadora cinematográfica me permitió viajar por el mundo. Hice treinta episodios de cultura acerca de festivales para el canal Discovery. Siempre viendo cosas nuevas, es interesante el mundo.

-Naciste en un kibutz en Israel y a lo mejor conocerás alguna filmografía que aborda de una manera crítica la vida y sociedad kibutziana, como ser Adama Meshugaat, Medurat HaShevet y quizás una más cómica como Miftza Safta. ¿Qué pensás de estas películas y de tu propia experiencia en el kibutz?
-La única de esas que me pude identificar y me morí de la risa es Miftza Safta. Amo tanto esa película que no dejo de verla. En particular no refleja mi experiencia en el kibutz. Aún no hay una película que refleje mi propia experiencia en el kibutz, como nacimos, como crecimos, en los años ‘60 y ‘70. Tampoco hay libros al respecto. Nosotros crecimos en un Beit Ieladim (Casa de niños) y creo que no hay una reflexión acerca de esos años.

-Bueno, en Adama Meshugaat sí se muestra un poco ese mundo del Beit Ieladim …
-¡No, no creo! No creo en ese mundo que se muestra allí, es un mundo falso para mí. Quizás sea la experiencia del director pero no la mía.

-Para vos no fue un kibutz opresivo e invasivo como muestra esa película…
-No solamente eso, si ves el carácter de la mamá, el que la provoca, todo es como muy extremo, no me creí ese mundo que se muestra allí. Sabés que cuando te gusta una película, creés en ese mundo, en ese mundo que el director te muestra. Yo lo vi desde afuera, no me metí adentro, porque no fue esa mi experiencia en el kibutz.

-¿Y por qué creés que no hay una película o un libro que cuente acerca de tu visión o vivencia sobre el kibutz?
-Creo que hay un trauma de mucha gente que creció como yo crecí y tal vez necesitan pasar una años más para poder comenzar a narrar.

-¿Qué película  o directores marcaron tu carrera profesional?
-“El conformista”, de Bertolucci, me gustó tanto, tanto, cuando la vi por primera vez en el kibutz. Porque es esa persona que va desde fascista a comunista, que cambia, y Vitch, mi protagonista, es más o menos así, que cambia como un camaleón. El Bertolucci de los ’70 es el que me encantó.

-¿Si hablamos de películas acerca de la Shoá?
-Una película que me influyó también cuando era muy joven fue “El portero de la noche” con Charlotte Rampling, pero no puedo pensar en una. Hay muchas, no es que no hay, pero no me vienen a la mente ahora.

-¿Crees que el tema de la Shoá es un tema importante para la sociedad israelí, para el israelí promedio, para los jóvenes?
-Sí lo es, pero hay que buscar nuevas narrativas. Por ejemplo Avi Nesher trató de buscar nuevas narrativas en donde las hijas están descubriendo algo de su padre. Está película es muy nueva. También Ha Dirá (El apartamento), que es un documental, creo que también logra una nueva narrativa. Estudié cine en Israel, y nos mostraron muchos documentales acerca de la Shoá y de creadores israelíes; ver otras historias de sobrevivientes y otras historias es difícil, pero es muy importante. Ahora la gente está lista para poder acercarse a otra narrativa.

-Otra manera de contar la Shoá como en su momento lo hizo Lanzamann.
-Así es, distinta y muy necesaria en aquellos momentos. Pero esos fueron los ‘80, ahora estamos en la segunda y tercera generación y es tiempo de estar listos para recibir otra manera de relato.

-Ahora vamos a tu obra: ¿Qué diferencias sentís que hay entre hacer ficción y hacer documental?
-Hay muchísima diferencia. Por ejemplo, esta obra Vitch la quiero hacer ficción: quiero friccionarla y ponerla en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, entonces estoy pensando el actor que hace la vida cotidiana en Berlín por ejemplo. Actuando en el gran teatro de Berlín, que se llama Scala, frente a los nazis, puede ser enfrente de la Wehrmacht, de la Gestapo, y cómo muestro en su cara con las luces y con el ambiente qué pasa con él. Cómo muestro que tiemblan sus manos, que sudan y cómo lo trata de ocultar. Todas estas cosas no las puedo hacer en un documental. Es muy difícil mostrar emociones, existen otras maneras, pero al tener un actor o actores, es una puesta por medio de la cual podes mostrar diversos matices y quiero hacerlo.

-¿Creés que para producir un documental hay que tener cierta madurez y trayectoria previa de producción?
-No necesariamente. Quien me pidió realizar el documental fue la sobrina de Eddie Vitch. Ella no sabía nada o muy poco de su tío y me pidió a mí que investigue. De repente vi que había una gran historia. Hay una cosa nada más que yo creo que hay que tener, y no importa si es tu primera película o la décima o número cien, hay que estar listo para investigar. Hay que estar preparado para decir: “yo no sé nada, voy a investigar”. Sin eso y sin tu curiosidad no va a salir algo bueno y eso depende del documentalista.

-¿Cuándo pensaste en Vitch tenías claras las líneas de investigación y argumentales?
-Sí, tenía claro que tengo que saber lo máximo posible acudiendo a historiadores, escritores, periodistas, cuál es la teoría de ellos acerca de cómo él sobrevivió en la Segunda Guerra Mundial. Esta fue la base. Esa fue la pregunta rectora. No pude hacer esta pregunta sin juntar papeles, sin juntar documentos, sin saber la historia. Antes no me pude acercar a un historiador. Pero esa fue la pregunta principal que me guió en todo el armado de la película.

-¿Cuándo avanzabas en la investigación pensaste que llegarías a develar lo que para vos era la incógnita, lo que para vos era un misterio?
-Fue misterio desde el principio hasta el final. Cuando supe más, supe menos.

-¿Qué pensás vos y que pensás que piensa el público frente a un final abierto?
-Creo que es muy difícil para Estados Unidos, creo que los productores van a pensar que no es comercial y necesitan un final. Pero hasta ahora donde presenté la película en festivales en los Estados Unidos, Australia y aquí, la gente acepta eso, como que los hizo pensar. Lo que yo vi es que inmediatamente quieren hablar. Mucha gente quiere inmediatamente hablar porque quedó abierto. Entonces, ¿qué pasa cuando algo queda abierto? Tenés una necesidad de reflexionar o cerrarlo y eso es lo que produce.

-¿Tenes algún próximo proyecto en mente?
-Quiero hacer la ficción de Vitch, como te conté, e inmediatamente después quiero hacer la historia de mi familia en los años de la dictadura aquí en la Argentina. Mi papá ayudó a mucha gente a escapar a Uruguay y entre ellos a parientes nuestros. Hay gente de mi familia que no logró salvar y hay historias muy emocionantes y muy dramáticas en mi familia. Quiero contar esta historia de manera ficcional con actores, ya que existen documentales sobre la época, pero quiero poner el punto de vista y la historia judía en los años ’70.

Entrevista publicada en el periódico Nueva Sión www.nuevasion.com.ar/articulo.php?id=6523

Algún día se cumplirá el Ihie Tov (Estará bien), no puedo seguir cantando siempre la misma canción

Cantante israelí y del mundo, David Broza es virtuoso en la guitarra, destacado vocalista e intérprete. En sus eclécticas armonías y melodías se unen sonidos de latitudes diversas. Sus acordes tienden puentes de entendimiento y paz entre múltiples culturas. Humano y pacifista, el arte es su campo de batalla. Activista social y solidario. Le canta al amor, a la mujer y al hombre. Apuesta al entendimiento entre los pueblos y sus habitantes por medio de la construcción de sólidos puentes culturales. Embajador de buena voluntad de Unicef. Sigue vigente con optimismo en su espíritu el Ihie tov (Estará bien). Musicalizador y compositor de Jonathan Geffen, Jorge Drexler, Joaquín Sabina y Pablo Guerrero, entre otros. Generoso con su música, su canto y guitarra. Sus convicciones, una fortaleza como Meztada. Más de veinticinco exitosos discos editados. Un carisma y talento mágico que entrega a su público en cada presentación sobre el escenario. Es David Broza, no hay otra definición posible para él que él mismo. Tan músico, tan talentoso, tan amplio, tan diverso, pero sobre todo tan necesario.
Por Enrique M. Grinberg

NS: Ante todo, muchas gracias por la entrevista, es un placer poder conversar contigo.
DB: El placer es mío también.

NS: Te cuento un poco acerca de la estructura del reportaje. La idea es poder abarcar cuatro aspectos: tu historia familiar, tu recorrido musical, un poco de actualidad y el epílogo. ¿Aceptás el desafío?
DB: Acepto sin problema y con entusiasmo.

Historia familiar

NS: Si te digo Neve Shalom ¿qué tenés para contarme?
DB: Neve Shalom, Wahat al Salam, es el pueblo que fundó mi abuelo y otra persona. Para él fue una oportunidad para crear un sitio que sea un centro de estudios para la paz. La mejor manera de hacerlo es convivir juntos: judíos, musulmanes y cristianos. Y mientras conviven, estudiar sobre los problemas, encontrar las soluciones para lograr una armonía cultural y respetable. Neve Shalom se fundó oficialmente en el año 1978. Yo voy allí desde el año 1975 con mi abuelo y veo que desde esos tiempos hasta hoy tienen la agenda, la historia y una técnica profunda para la resolución de conflictos entre personas y culturas. A mí siempre me ha fascinado esto y me llena de esperanzas saber que este proyecto sigue, que este pueblo -que ahora es conocido en Israel y en todo el mundo- está triunfando solamente por haber evadido con éxito todos los obstáculos que han pasado en cuarenta años.

NS: Contame un poco acerca de tu contexto familiar en tu infancia y adolescencia.
DB: Fue una infancia común: nací en Haifa y crecí en Tel Aviv. A los doce años mis padres se fueron a vivir a Madrid y allí viví hasta los dieciocho años, cuando volví a Israel para enrolarme en el Ejército.
La historia de mi abuelo es algo especial, pero para mí era un abuelo común. A los 18 o19 años de edad comenzamos a hablar como dos adultos sobre su proyecto. En mi casa siempre hubo una actitud de tolerancia hacia el otro. Mis padres hablaban árabe. Mi mamá es “sabra”. Nació en Tel Aviv en el año 1927, más específicamente en la calle Bialik, frente a la casa del poeta nacional y del artista plástico Reuven Rubin. Mi abuela nació en Rejovot.
Mi familia está en Palestina desde los tiempos iniciales del sionismo, alrededor de 1872. Fueron fundadores de la ciudad de Rejovot, y del primer Kibutz: Degania. Creo que pertenezco a una historia familiar vinculada a la realización del sionismo y de lo que es hoy Israel.
Me dedico a la música y a los proyectos que me interesan desde siempre. Un proyecto está vinculado al tema del conflicto israelí-palestino y de cómo establecer y construir puentes culturales entre las personas. El otro es un proyecto para los niños con capacidades diferentes. Que tienen parálisis cerebral, discapacidad para andar y que circulan en sillas de ruedas. Es un club muy pero muy grande que se llama Spivak, al cual le dedico también un porcentaje bastante grande de mi tiempo.

NS: ¿Cuál considerás que es tu lengua madre y por qué?
DB: Es el hebreo, claro, el hebreo, somos israelíes. El español que tengo en realidad es porque en el año 1999 o 2000 fui a España para establecer un contacto de nuevo con la cultura, con el país, después de no haber vivido allí por 25 años. Había pedido contacto con el idioma pero comencé a componer música propia con gente como Jorge Drexler, Joaquín Sabina y junto a otros poetas y cantautores españoles. Comencé a grabar en español. Tengo tres CD en castellano y salí de gira por toda España. Así me conecté profundamente con el idioma y la cultura española, pero siempre como israelí.

Recorrido musical

NS: ¿Cómo llegaste a la música y en particular al canto y la guitarra?
DB: De niño me dediqué a la pintura. A los doce años comencé a tocar la guitarra. Mi madre Sharona Aron era cantante de folklore israelí y me acompañaba con guitarra. Empecé en casa usando su guitarra cuando vivíamos en Madrid. Tocaba para mí. No tenía profesores ni nada. Comencé con dos o tres acordes y poco a poco fui mejorando. Me compraron una guitarra propia. Con los años dediqué más tiempo a tocar, aunque seguía intentando con la pintura como vocación. A los 22 años, luego de haber pasado por el Ejército, buscaba trabajo y me ofrecieron actuar en el show del poeta israelí Jonathan Geffen. Ahí comencé mi carrera componiendo música para su poesía en el show. La primera canción que hice fue Ihie Tov (Estará bien).

NS: Tuviste la suerte de conocer a parte de su familia ya que te une un vínculo de amistad con su yerno que es Etgar Keret.
DB: Claro, la hija de Jonathan, Shira, está casada con él. Es un gran escritor. Ella es la hermana del músico Aviv Geffen.

NS: ¿Cómo definirías tu estilo musical?
DB: Mirá, soy un músico influenciado por la cultura israelí, la española, el rock and roll, el folk americano y el jazz. Es muy ecléctico todo lo que hago, tiene su aire. Cuando canto en hebreo tiene su resonancia y el estilo hebreo solamente por el idioma. El ritmo y la melodía siguen igual cuando voy componiendo con las letras de Jorge Drexler, Sabina o de Pablo Guerrero, que es muy español, o cuando lo hago sobre la poesía de Elizabeth Bishop y de Anne Sexton, que son poetas americanos. Siempre escuché varios tipos de música en mi vida y me dejé influenciar por ellos. No es un estilo nada más, no es como escuchar a Mercedes Sosa que todo lo que hacía y representaba era producto de la cultura tucumana y argentina. Con influencias de otros, porque la música era de otros, pero la manera de cantar era suya. Sabías que estaba escuchando algo muy profundo, latinoamericano. En el caso mío, cuando hago música con el ambiente español, americano y hebreo tiene un sabor que viene de otra cultura, soy un mestizo.

NS: En mi humilde opinión, en tu decir musical se escucha ese multiculturalismo y pluriculturalismo. Espero no estar alejado de la realidad.
DB: Así es, soy judío errante. Estoy viajando sin parar.

NS: Con la guitarra, que es un instrumento portátil, así como el violín, que los judíos que debían escapar por las persecuciones se los podían llevar consigo y salir rápido.
DB: Así es, claro.

NS: ¿Qué músicos influenciaron en tu carrera?
DB: La primera música que escuché de niño era jazz: John Coltrane, The Cannon, Buddy Bolden, Big Box, Miles Davis. Después empecé a escuchar a cantautores como The Band, Joni Mitchell, Paul Simon, Bob Dylan. En España a Serrat, Pablo Guerrero y Luis Pastor. Después en Israel, Arik Einstein y Shalom Janoj. También unos de los que influyeron y siempre me dieron la ilusión era gente como Jimi Hendrix, con la guitarra, o James Taylor, es una mezcla de cosas.

NS: ¿Qué simboliza para vos Metzada?
DB: Para mí Metzada es una sorpresa, algo que empezó hace 25 años con el primer concierto al amanecer que hice, en el año 1993. Me sorprendió porque yo no tenía idea de cómo iban a pasar las horas o cómo iba a afectar el amanecer a mi show. Es un show único porque estamos en el desierto total frente a la Fortaleza de Herodes, de Masada, frente del Mar Muerto. Frente de Jordania, de las montañas de Moab donde murió en realidad Moisés. Desde ahí doy un concierto hasta que sale el sol. Empezamos a las tres de la madrugada y continuamos hasta las seis y media o siete. Entonces son cuatro horas de música sin parar que hago solo o con mi banda, esperando que el sol salga. Siempre es un momento mágico, una cosa que no se puede copiar o replicar en una producción de teatro. Son cosas que sólo pertenecen a este sitio, a Masada, al desierto e Israel.

NS: Me imagino que debe ser algo único. Un acto heroico el tuyo en Metzada al cantar por cuatro horas. Hay que poder sostener un show así.
DB: Sí, así es, un gran desafío.

NS: Hay un capítulo de tu vida que quiero abordar y es sobre tu vínculo con Yonathan Gueffen. El año que viene se van a cumplir 40 años de tu primer disco con él, que se llama “Sijot Salón” (conversaciones de salón).
DB: Yonathan Geffen para mí es un gran poeta, un hombre con opiniones que a veces son extremas, otras muy originales. En realidad, ante todo es un gran poeta y un gran amigo mío. Son cuarenta años de amistad ininterrumpidos. Hablamos casi todos los días, no importa en qué parte del mundo esté. Seguimos componiendo juntos.

NS: Ihie Tov quizás es una de las canciones más políticas que interpretaste. ¿Qué significaba para vos y tu carrera en aquellos tiempos, cuando corría el año 1977?
DB: Sabes, de hecho es una canción que refleja mucho lo que pasó en noviembre de 1977 cuando llegó el Presidente Anwar el-Sadat de Egipto a Israel, cuando empezó el proceso de paz. A través de eso y además como fue mi primera canción en la vida, yo fui a apoyar a un grupo de activistas que querían dar un gran apoyo a Menajem Begin, a su gobierno, porque su partido no estaba de acuerdo con el proceso de paz. Necesitaba el apoyo de la gente, entonces nosotros empezamos lo que poco a poco se fue convirtiendo en la movida que es Shalom Ajshav. Y esta canción, desgraciadamente, o no, sostiene su mensaje durante toda esta época. En tiempos buenos y en tiempos malos. En tiempos fáciles y difíciles. En la guerra de Gaza, en la guerra del Líbano, en cada guerra desde hace 40 años. Esta canción es siempre un punto de esperanza.

NS: No sé si sos consciente de que más que una canción estamos hablando de un himno...
DB: Si, soy consciente de que se transformó en eso.

NS: ¿Realmente creés que algún día se cumplirá el Ihie Tov?
DB: Claro que sí. Yo no puedo seguir cantando siempre la misma canción, tengo que poder cambiar de canción. Van a tener que solucionar el tema.

NS ¿Qué estrofa o estrofas creerías que se podrían incorporar al Ihie Tov?
DB: Tendría muchas estrofas para agregarle, hay decenas de estrofas nuevas. Siempre escribimos una nueva. Pero no creo que vayamos a escribir alguna en esta época.

NS: ¿Qué otras canciones con contenido político de tu repertorio creés que serían muy necesarias hoy?
DB: No sé, sabes, en realidad yo no meto mucha política en mi trabajo. Soy un cantante romántico, soy un trovador. Tengo un álbum, East Jerusalem/West Jerusalem, que hice hace tres años, que es utilizado en mi película documental del mismo nombre, que está en Netflix, allí trabajo con músicos palestinos. Creo que la música es para entretener a la gente, conmoverlos de vez en cuando. Personalmente en mi tiempo privado hago cosas que tienen aspectos sociales más que políticos, y claro que la política es parte de la movida social. Pero yo no me dedico a la política desde el escenario.

NS: Hablemos de algunos de tus discos. En esta oportunidad elegí algunos que son los que creo más especiales, además de ser los que más me gustan. Te menciono uno a uno y me vas diciendo algo de ellos. Empecemos por Leket Rishon (Primera Colección).
DB: ¡Wow! Leket Rishon, es la primera antología que hice. En realidad recuerdo un poquito lo que tiene, no recuerdo todo. Creo que está hecho en el 20° aniversario del inicio de mi carrera musical, hace bastante tiempo ya.

NS: Seguimos con Ha Ishá She Iti (Mi Mujer).
DB: Ese es uno de los mejores. Es uno de los álbumes más importantes desde distintos puntos de vista. El primer punto de vista es que estaba introduciendo la música de la poesía española al pueblo israelí. El gran trabajo que hice con Jonathan Geffen traduciendo al hebreo a Serrat, a Cecilia, a Manzanita y a Paco Ibañez, toda esa clásica española. En Israel no sabían que estas no eran canciones israelíes, eso es muy importante. Para mí también era un punto comercial muy grande, cuando todo el mundo se enamoró de esa música y me estableció como un artista importante en la música israelí.

NS: Si no me equivoco fue, o es, uno de los discos más vendidos en Israel hasta el día de hoy.
DB: Hasta hoy es así.

NS: Y si te digo a Hakeves hashishá asar (La decimosexta oveja).
DB: Este es un disco precioso que hice con Gidi Gov, Yehudit Ravitz, Yoni Rechter y Jonathan Geffen. Basado en la poesía de Jonathan, su poesía para niños. La música fue escrita por Yoni Rechter, con aportes míos y de otros. Uno de los discos para niños más bonitos del mundo, impresionante.

NS: En la lista sigue Klaf (Naipe), quizás sea un disco bisagra, distinto en tu carrera, porque el estilo del mismo es más rockero.
DB: Así es. Es mi segundo álbum como solista. Tiene un sonido un poco más rockero como dices, aunque la forma de escribir sigue siendo el folk-rock. Desgraciadamente, cuando salió el álbum, como dos meses después, empezó la guerra del Líbano en 1982. Por esa situación no fue exitoso. Las canciones seguían, cada canción con su historia fue cosechando éxitos para el disco, pero la gente no volvió a comprarlo. Se escucharon las canciones como Haifa-Haifa, Daniela, Srujim, Yinyi (Pelirrojo), Gluiot Shaná tová Mi Shosh HaMitavedet (Postales de Año Nuevo de Shosh la Suicida), hay por lo menos cinco o seis éxitos de ahí. Pero como álbum nunca volvió a venderse bien por la crisis de la guerra del Líbano.

NS: Uno de los discos que más escucho en la actualidad tuyo es Ze HaKol o Klum (Es todo o nada) ¿Qué tenés para contarnos acerca de él?
DB: Un gran disco, muy bonito. Un gran trabajo con Yizhar Ashdot y con Micha Shitrit. Tuvo mucho éxito. Me encanta el sonido del álbum, me costó mucho. Pensé hacer este trabajo en un mes, un par de meses máximo, pero me costó como dos años producirlo bien. También existe en español, se llama Todo o nada. Es un gran trabajo interpretarlo en dos idiomas, pero me gusta mucho.

NS: Por último Sodot Gdolim (Grandes secretos).
DB: Sodot Gdolim es un gran álbum pero otra vez, al igual que pasó con Klaf, salió el mismo día, en este caso no de una guerra, sino del ataque de un suicida palestino en el Dizengoff Center, en Tel Aviv, en febrero de 1996. De este momento en adelante entramos en guerra con todos los grupos terroristas que estaban en Líbano y ahí quedó el disco. Quedaron algunas canciones bonitas que salieron por la radio pero como disco perdió el momento y el carisma.

Actualidad

NS: ¿Cómo expresás hoy en día tus ideas e ideales políticos?
DB: Hace casi 20 años me dedico a trabajar en Jerusalén Oriental, en un estudio de un grupo de palestinos que se llama Sabrin. Es una la relación que tengo con ellos, y cada vez más amigos vienen de Jerusalén Oriental, de Cisjordania, de Ramallah, de Yenín, de Jericó, de Akko, de Haifa. Y también poco a poco, y después del álbum que hice allí, Jerusalem East/Jerusalem West, ya se acostumbraron músicos israelíes a venir y sentirse cómodos con esta gente. Somos un grupo de unos 200 o 300 músicos, familiares y amigos que nos juntamos a festejar por lo menos una o dos veces al mes, encontrarnos y establecer relaciones muy íntimas unos con otros. Creo que ahí está el futuro y ahí la solución de cómo convivir, cómo traer el cambio para que los políticos puedan hacer el resto del trabajo. Nosotros lo que hacemos es un trabajo de gente a gente, de cara a cara, de ojo a ojo, y esto genera mucha esperanza ahí.

NS: ¿Jerusalén Este, Jerusalén Oeste, existe tal división?
DB: Sí, sí, hay una división total. Desgraciadamente los israelíes se sienten inseguros, con miedo y no se sienten bien viajando a Jerusalén Oriental, tienen miedo de los palestinos. Entonces es claro que hay que hacer mucho trabajo para que uno conozca al otro, para que no tengan miedo. Por otro lado, hay que reconocer que Jerusalén Oriental es 100% palestina y árabe, no hay judíos. La Jerusalén mía, la nuestra, la de los israelíes y los judíos es Jerusalén Occidental, y claro la parte vieja, la Ciudad Vieja de Jerusalén con el Muro de los Lamentos y toda esta parte judía es inseparable de Israel, nunca se separará.

NS: Han pasado 50 años, 1967/2017, ¿Cincuenta años de qué?
DB: Hay que verlo en la perspectiva de todos los gobiernos que Israel ha tenido. Desde Golda Meier, el Maaraj (izquierda), hasta los del Likud (derecha), hasta los de Bibi Netanyahu, o de Ehud Barak, o de Rabín, siempre apoyaron a la conquista y la retención de la ocupación y de los asentamientos. Creo que han perdido momentos. En el futuro vamos a ver la solución, que va a llegar pronto, espero. Han perdido muchas oportunidades para solucionar y establecer un entendimiento entre el pueblo israelí y palestino para convivir uno al lado del otro, con su país, con su bandera, con su dominio, con su sistema, pero apoyándose uno al otro. Las economías israelí y palestina deberían sostenerse una a la otra, porque somos la misma gente. Hablamos y nos conocemos, los palestinos ya entienden la fuerza de Israel y las cosas buenas del sistema democrático en Israel. Ellos están aprendiendo, son muy avanzados. Creo que lo más negativo de la ocupación es que tenemos que seguir controlando a dos millones de ciudadanos palestinos. Controlar a esta gente no da mucha esperanza a los jóvenes. Pero al mismo tiempo, los palestinos van aprendiendo y entendiendo más y más cómo pueden ellos ir estableciendo su propia sociedad, su propio sistema copiando al israelí, que es más avanzado y occidental.

NS: ¿Tu disco y documental en Netflix tienden a ser un puente entre ambos mundos?
DB: Sí, claro. Sin dudas. Continúo trabajando con niños en el campamento de refugiados de Shuafat. Cada vez hay más niños, cada vez nos sentimos mejor, cada vez hay más confianza el uno con el otro. Estas cosas favorecen el cambio. La paz en el Medio Oriente no va a venir en una o dos generaciones, puede ser que tarde muchos, muchos años más, pero si no seguimos intentando buscar el camino de la paz, nunca llegará. Hay que seguir buscándolo, pero nadie sabe si se va a alcanzar en nuestro tiempo o la próxima generación o dos más. Hay que seguir buscando.

NS: Si hablamos de música, el pianista y director Daniel Baremboin y el filósofo Edward Said conformaron la West-Eastern Divan. ¿Qué pensás del proyecto y de sus creadores?
DB: Bueno, mira, ellos hacen un proyecto que no está establecido en Israel, sino en Sevilla, España. Están viajando por el mundo. Creo que es fantástico y tiene un gran mensaje. Pero lo que nosotros hacemos en Israel es tratar de mezclar las culturas entre la gente que vive en Israel. Por ejemplo, tenemos a Polyphony en Israel que es una orquesta que está fundada por Nabeel Abboud-Ashkar, que es discípula del proyecto West-Eastern Divan. El proyecto estableció una Escuela de Música y Orquesta para jóvenes de hasta 18 años, árabes y judíos. Solamente se dedican a tocar música clásica, la mayor parte es música de Bach, Schubert y Beethoven, y de vez en cuando, se dedican a arreglar canciones populares árabes e israelíes de estilo clásico y las tocan. Ahí celebran las dos culturas, como por ejemplo The Jerusalem Youth Chorus, que es un grupo de niños palestinos e israelíes de Jerusalén Oriental y Occidental que se dedican a cantar juntos. Tienen ya su primer disco. Han viajado por el mundo, cantan en Israel por todas partes. Siguen aprendiendo y probando que se puede convivir a través de la música y por medio del arte. El prejuicio que hay es hasta construir el primer puente, después habrá que penetrar en los estamentos más burocráticos, más políticos, primero hay que empezar con los niños y con los pueblos en la calle.

NS: ¿Cuál es el sueño artístico profesional que aún no concretaste?
DB: Sigo haciendo mi disco israelí, lo voy a grabar en junio o julio en Israel. Después voy a hacer un álbum americano, en inglés y después uno en español. Yo voy siguiendo, mi sueño es seguir componiendo música y dando conciertos todo el mundo. Cada mes paso por lo menos diez días en Israel dando conciertos. Voy viajando veinte días al mes y el resto sigo en Tel Aviv.

Final

NS: ¿Si tenés que elegir uno de tus discos cuál sería y por qué?
DB: No sé. Creo que mi próximo disco es el más importante y bonito que he hecho.

NS: ¿Y un disco de otro músico israelí?
DB: La música israelí… Mira, siempre vuelvo a Arik Einstein, sabes. Los discos de Arik son una colección que siempre me llevan a sitios muy queridos y especiales. También agregaría Mediterráneo de Serrat.

NS: Por último me gustaría saber qué lugar y sentido le das a las introducciones y finales de tus temas, en la cuales demostrás un gran talento y virtuosismo instrumental y musical. Si es para vos un momento íntimo y personal.
DB: Yo soy yo con mi propia guitarra… Todas las canciones que voy componiendo e interpretando primero tienen que sonar perfectas, voz y guitarra nada más. Después cualquier cosa que hacemos es extra. A veces voy con batería, percusión, bajo y teclados. Si voy con la Orquesta Andalús, con la cual hacemos interpretaciones de mi música con música árabe, o si hago un show con música mía y de Paco de Lucía en Madrid. O con los músicos de Jerusalén Oriental, los palestinos. Pero eso es disfrazar a mis canciones o ponerles ropa, vestir mi música con estilos diferentes.

NS: Para finalizar, ¿algo más que quieras agregar?
DB: Algo que te comenté luego de finalizada la entrevista y me pediste que te lo relaté nuevamente. Cuándo me preguntaste si tenía algún vínculo con algún cantante argentino te dije que sí. Tenía un vínculo extraordinario con Mercedes Sosa, hablaba una vez por semana por teléfono con ella. En varios de esos llamados llegamos a cantar juntos, ella en Argentina, yo en Israel y el teléfono nos unía, unía nuestras voces, nuestro canto y nuestras melodías.

Publicado en: www.nuevasion.com.ar/articulo.php?id=6436

Sobre esclavos y libres

El año nos hace esclavos de los números.
El mes nos hace siervos de los días.
Los días nos encadenan a la agenda.
La agenda nos hace serviles a la rutina.
La rutina nos hace cautivos al reloj.
Tres agujas nos hacen presos pinchándonos con sus horas, minutos y segundos.
Cronos nos tiene sometidos y tiranizados.
La tiranía de lo inmediato nos oprime con su apuro y velocidad.
La velocidad nos explota con lo instantáneo.
Lo instantáneo nos somete a la conexión, que es una real y profunda desconexión.
La desconexión nos atormenta con su vacío, y nos hace sumisos frente al consumo.
El consumo nos encarcela al dinero.
El vil metal nos hace víctimas de la codicia.
La codicia nos sujeta al egoísmo.
El egoísmo nos hace esclavos de nosotros mismos.
¿Dónde estás tú?
¿Dónde está el otro?
¿Y dónde está el hombre?
El hombre aún se encuentra en la búsqueda de su libertad.

Enrique M. Grinberg

Pesaj 5777

Entrevista a Henrique Cymerman: Somos víctimas del periodismo Mc Donalds

El don de saber preguntar es algo muy valioso para el periodismo, pero saber interrogar con
inteligencia y astucia habla de otra cosa, que no es sólo un don sino una cualidad. Henrique Cymerman, nacido en Portugal y emigrado a Israel a los 16 años, es ejemplo de ello: locuaz, profundo, reflexivo, lúcido, intrépido y creativo son algunos de los calificativos que se asocian a su persona. Valiente y juztspán1 para afrontar algunos reportajes “no convencionales”, para llamarlos de cierta manera, como los que realizó a Zaina Bin-Ladin y Omar Osama Bin-Ladin, esposa e hijo respectivamente de Osama Bin-Ladin; Ahmed Yassin, líder fundador de Hamás; y Abdalla Shami, líder de la Yihad Islámica en Gaza.
Por Enrique M. Grinberg

Entre otras entrevistas que realizó Henrique Cymerman, se destacan las de Yasser Arafat, expresidente palestino; Mahmud Abbas, actual presidente palestino; Suliman Demirel, presidente de Turquía; Abdel Halim Hadam, exvicepresidente de Siria; y Hussein, ex rey de Jordania. A este listado se suman Itzjak Rabin Z’L, Shimón Peres Z’L, que le solicitó especialmente que sea quien escriba su biografía actualizada, Binyamin Netanyahu y el Papa Francisco, entre tantas otras personalidades mundiales.
Cymerman recibió un sinfín de reconocimientos, entre los cuales podemos mencionar el Premio de la UNESCO, Periodista Sin Fronteras y Doctorado Honoris Causa, el de Universidad de Málaga (2010), el que le encomienda el Rey Juan Carlos I: Orden del Mérito Civil (2012), el Premio Derechos Humanos Abogacía Española (2014) y el Premio Derechos Humanos Water Law (2014). Estudió el BA Ciencias políticas y Sociología y MA Ciencias Sociales, ambos títulos obtenidos en la Universidad de Tel Aviv.

NS: ¿Cómo influyó ser inmigrante en el desarrollo de tu carrera profesional?
HC: Creo que muchísimo. Nací en un país pequeño, Portugal, donde aprendí muchos idiomas. Provengo de una familia mitad ashkenazí y mitad sefaradí. El hecho de haber inmigrado a Israel con todos estos ámbitos culturales por detrás, a mis espaldas, marcó lo que soy e hice en mi vida. Trabajé en educación, fui profesor en la universidad. Luego me desempeñé en educación no formal, fui director de Kiriat Moriah (2) en Jerusalén. Este es un lado mío menos conocido que no me salió contar antes. Ahora, luego de veintiséis o veintisiete años, me doy cuenta que es una parte muy importante de mi formación también. Salí al mundo del periodismo con ese bagaje cultural que tengo y que me sigue acompañando hasta el día de hoy.

NS: Si tuvieses que elegir tres de todas tus entrevistas realizadas, ¿cuáles elegirías y por qué?
HC: Obviamente es fácil decirte la primera. Es la última que le realicé a Itzjak Rabin veinticuatro horas antes del asesinato. Es una entrevista que me marcó el resto de mi vida, no sólo como periodista sino también como ser humano. Haber estado con Rabin, veinticuatro horas antes que lo maten por sus ideas, justamente en manos de un judío, fue terrible, muy fuerte, muy potente. En esos tiempos estaba en los comienzos de mi carrera, llevaba cuatro o cinco años como periodista, era bastante joven y fue tremendo. Entendí que la historia cambiaba a partir de ese momento. Que esas tres balas que mataron a Rabin, torcían el curso de la historia y de hecho eso ocurrió. Normalmente soy más optimista que pesimista, pero sé que a veces los pesimistas tienen razón. En este caso tuvieron toda la razón. Cambió la historia realmente. Esa entrevista fue extremadamente importante para mí.
No tengo otra entrevista en particular, pero si decenas de entrevistas a Shimón Peres. Debo decir que contrariamente a lo que me imaginaba antes de su fallecimiento, para mí fue una pérdida personal. No miré a Shimón Peres como el líder, el gigante, de verdad era gigante. Un hombre que se adelantó a su tiempo, quizás ese fue su drama. El hombre que le dijo a sus hijos que se escribiera en su lápida: ‘murió antes de tiempo’, cuando tenía noventa y tres años. Un hombre que no quiero mitificar por el hecho que ya no esté aquí; cometió errores, tenía debilidades, lo vi con mis propios ojos. Era un gran intelectual y un estadista. Veía procesos a largo plazo, los cuales a veces la gente no entendía y no consigue entender. Fue para mí un privilegio fuera de lo común, de verdad. Una de las cosas que más me marcó en la vida es el haber recibido un día una carta de Shimón diciendo que había leído un libro que escribí. Se había quedado muy impresionado. Él me conocía de antes, pero nunca me había tratado especialmente, siempre muy profesional. Poco tiempo después de ese día que me escribió esa carta, me pidió que redacte sus discursos para varios de sus viajes. Brasil y Argentina fueron los primeros, lo acompañé, hoy lo puedo contar. Le informé acerca de lo que lo esperaba en esos países. Me acuerdo cómo le informé. No quiso que le se lo informe por escrito. Yo quería escribirle acerca de todo lo que lo esperaba allí, más allá de los discursos. Había hecho bien los deberes informándome con muchas personas. Quería informarle por escrito para que él lo leyese. Shimón dijo: ‘no, no, no… decímelo’, y le dije todo oralmente. Al día siguiente a las nueve de la mañana, en Buenos Aires, hace un discurso y todo lo que le había dicho, en esa época él tenía ochenta y seis años, todo lo que yo le había dicho en la víspera, en medio de un acto en el que había otra gente, y yo le soplaba al oído, lo repitió en su discurso. Una memoria prodigiosa, sabía asimilar la información de manera extraordinaria. De Shimón no puedo hablar de una entrevista, pero todas sus entrevistas fueron sin dudas particulares.
Si pienso en una tercera entrevista, te mencionaría algún líder árabe con el que me he reunido. Pero si estamos buscando algo que me formó realmente, te diría una entrevista que de hecho nunca se convirtió en entrevista, pero que me formó. Estaba en la Universidad de Tel Aviv. Un día me acerqué al rector y le dije que quería editar un periódico. Me preguntó: ‘¿Qué habrá en el periódico?’, a lo que le había respondido que entrevistas y reportajes, y me repreguntó: ‘¿A quién vas a entrevistar tú?’. Yo le respondí: ‘Primeros Ministros…’, como si fuese algo fácil de hacer. Él me miró, yo tenía en esos tiempos diecisiete, dieciocho años, y con cara de este quién se cree que es me preguntó a qué primeros ministros iría a entrevistar. Yo sabía que Golda Meir vivía en Ramat Aviv, cerca de la Universidad de Tel Aviv, y le dije: ‘Golda Meir’. ‘¿Cómo vas a entrevistar a Golda Meir? Si entrevistás a Golda Meir hacemos el periódico’, me respondió. Me fui a la casa de Golda Meir, había un guardia en la puerta que no quería dejarme entrar, y de repente se escucha una voz por detrás: ‘¿Mi sham? ¿Quién está ahí?’. Grité: ‘Señora Meir soy un ‘Olé Jadash’, un nuevo inmigrante de Portugal y de España, y quería preguntarle… y ella dijo: pasa…, y el guardián me mira con una cara pocos amigos, y pasé. Me senté en la cocina de Golda, me dio galletitas que ella había preparado, yo tenía mucho hambre en esa época, no tenía mucho que comer. En vez de entrevistarla yo, me entrevistó ella.

NS: La famosa cocina del Golda…
HC: Sí, así es. Me entrevistó ella sobre mi familia, mi pasado, Portugal, los judíos, sobre Angola, yo que sé todas las cosas sobre las cuales hablamos… Al final me di cuenta que no había anotado nada. Fue mi primera gran entrevista en el fondo, aunque me la hicieron a mí más bien. Publiqué el periódico. Igualmente, creo que el rector de la universidad durante un tiempo dudó que fuese verdad, pensaba que yo lo estaba inventando pero tuve un periódico en la universidad.

NS: ¿Cuál sería la entrevista que quisieras realizar y no aún no lograste?
HC: Hay un personaje que me interesa profundamente en este momento, que es Mohamed Bin Salman, un chico de treinta y un años, saudí, es el Ministro de Defensa de Arabia Saudita. Probablemente sea rey muy rápidamente en Arabia Saudita, aunque casi no es conocido fuera de Medio Oriente. Sé por mis contactos, y porque estoy muy cercano a su asesor, que es uno de los arquitectos del cambio en Medio Oriente en los próximos años. Me interesa mucho conocerlo y poder entrevistarlo. Me gustaría también entrevistar a Rouhaní, el presidente iraní, aunque no creo que esto pueda ocurrir. Creo que son dos entrevistas importantes para que entendamos lo que ocurre en el Medio Oriente en este momento.

NS: Realizaste muchas entrevistas en tu vida, algunas de ellas a ‘personajes polémicos’, para llamarlos de cierto modo, como ser al Líder Espiritual del Hamás, Ahmed Yasin, ¿tenés un límite para entrevistar a alguien?
HC: Muchas veces me pregunté a mí mismo cuáles son mis límites. Pero recientemente tuve los límites muy claros. Me propusieron entrevistar a Baghdadi, el líder del Estado Islámico, a cambio de ciento cincuenta mil dólares. Esa suma no es nada porque hubiese sido una primicia mundial que los norteamericanos hubieran pagado mucho más por ella. Pero dije que no. No voy a financiar al Estado Islámico. No por miedo, porque no me hubiese pasado absolutamente nada creo. Pensé que de ninguna manera puedo financiar a una organización como el Estado Islámico. En el caso de Ahmed Yasin, me dio tres patadas en el estómago verlo tantas veces. Sobre todo después de que una niña que estudiaba en el curso de mi hijo, en el colegio Rishoním en Hertzlía, murió en un atentado suicida cuando salió de clases. Había ido a comprar un falafel o un shwarma frente a la escuela y se explotó un suicida. Era una amiga de mi hijo Iair, cuando tenía quince años. Dos días después voy a entrevistar al tipo que envió al suicida, a Ahmed Yasin, por décima o decimosegunda vez. Hay momentos muy duros, en el fondo era muy importante en ese momento sacarle toda la información que él tenía. Conocer al enemigo, de hecho, es algo que me lo tomé muy en serio y creo que de esta forma realicé un servicio a todos aquellos que creen en un mundo mejor.

NS: ¿Te arrepentiste alguna vez de haber preguntado algo a un entrevistado, si lo recordás y querés compartir?
HC: No me arrepentí de haber hecho ciertas preguntas, pero sí me arrepiento de no haber preguntado otras cosas. Hay aspectos que en el momento de la excitación de lo que ocurre se te escapan. Luego uno piensa que tendría que haber preguntado ciertos detalles, pero ya es imposible porque son personajes que están en la sombra. Por ejemplo, conseguir la entrevista con el hijo de Bin- Ladin me llevó tres años y dos horas y media fue un trabajo arduo. Al final lo conseguí, fue todo tan presionado y rápido, que me quedaron mil preguntas en el tintero que hubiese querido hacerle después. Algunas las pude hacer porque sigo en contacto telefónico con él.

NS: ¿Creés que gran parte de la prensa internacional es antiisraelí? ¿Cómo te parás frente a esta situación siendo corresponsal internacional de varios medios?
HC: Creo que si hoy estuviese empezando seguramente me sería muy difícil. La prensa internacional cometió graves pecados a nivel ético-periodístico, sobre todo a partir del año dos mil, con la Segunda Intifada. Creo que somos víctimas del ‘periodismo Mc Donalds’, el periodismo instantáneo, el periodismo de la rapidez, del blog. El periodismo que en la última guerra de Gaza pone a los voceros de Hamás, una organización totalitaria, casi fascista, una organización radical, a la altura del vocero del Gobierno de Israel para saber alguna información determinada. No se puede hacer algo así, una declaración que mezcla opinión e información, que no mantiene el principio de hablar con los lados involucrados de forma correcta, como debería ser. Es un periodismo que no entiende que Israel, con todas sus desventajas, es la única democracia que hay en esa región, que esa es su fuerza y su debilidad a la vez. Creo que parte de la prensa occidental es víctima, cuando llega a Medio Oriente, de ciertos prejuicios.
Einstein decía que es más fácil desintegrar un átomo que un estereotipo. Creo que hay prejuicios, como por ejemplo, que después de 1945 y después de 80 o 90 millones de muertos en dos guerras mundiales, no se puede resolver conflictos por medio de la guerra, como si eso dependiese de Israel solamente. No depende sólo de Israel, depende de todos aquellos que atacaron a Israel en decenas de ocasiones y lo siguen haciendo ahora. Por último, está el convencimiento equivocado, de que nuestra guerra en Cisjordania, la ocupación israelí en Cisjordania, es una ocupación colonial, como la de los británicos en la India o los portugueses en Angola o en Mozambique. No los es, porque la gran diferencia es que las colonias de esos países europeos, estaban a miles y miles de kilómetros y no tenían nada que ver con el país en sí. Mientras que aquí está al lado nuestro, es nuestro vecino, sin hablar que es un territorio en el que el pueblo judío tiene una historia importante. Eso no quiere decir que crea que haya que mantener la ocupación a la larga, pero hay que entender que no se trata de un conflicto colonial sino de un conflicto en la puerta, ya que a quince minutos de Jerusalén está Ramalah. Es demasiada historia para tan poca geografía, como decía Ben Gurión. Estamos metidos unos en los otros, la pregunta es si vamos a poder resolverlo y llegar a la fórmula de los dos Estados.

NS: El profesor Leibowitz, crítico de la ocupación, escribió tras la Guerra de los Seis Días: ‘Un Estado gobernando a un millón de extranjeros hostiles se volverá un Estado Shin Bet, con lo que eso implica para la educación, la libertad y la democracia. La corrupción se fijará sin remedio en Israel. El gobierno deberá suprimir un alzamiento con una mano, y lidiar con los colaboradores y los traidores con la otra’, ¿qué opinión te merece este pensamiento? ¿Lo consideras vigente?
HC: Leibowitz fue una especie de profeta moderno. Como mucho de los profetas, fue un poco apocalíptico en su visión. Aunque obviamente hoy sabemos y vemos que las zonas de Cisjordania ocupadas por Israel, parte de lo que él dice, una parte se está cumpliendo. Hay problemas. La ocupación de un territorio de otro pueblo es problemática. El ver a nuestros hijos que tienen que ir y registrar sus casas no es algo que deseo mucho ni me da gracia. Es un problema que Israel tiene que resolver. Pero por sobre todo, al margen del efecto que pueda tener sobre la sociedad israelí el ocupar otro pueblo, tenemos que pensar ante todo en los efectos que esto tiene en el nivel de lo que se supone Israel como Estado judío. Creo que el status quo de la situación actual despierta grandes interrogantes de cara al futuro. ¿Será que Israel está a punto de perder la mayoría judía entre el Río Jordán y el Mar Mediterráneo? Si no hacemos probablemente eso podrá ocurrir en unos años según los demógrafos, según dice Sergio Della Pergola, por ejemplo. Por lo tanto es necesario que Israel determine sus fronteras. Cuando estamos a punto de llegar a las siete décadas ya es una edad madura, Israel es una señora madura, llegó el momento de conocer sus fronteras. Creo que eso tendrá un efecto brutal, incluso dentro de la propia sociedad israelí. Es uno de los únicos países en el mundo, quizás el único, que no tiene aún fronteras reconocidas. Es una decisión definitiva, importante y que hay consenso prácticamente entre la derecha racional, no me refiero a los sectores mesiánicos, y la izquierda que es necesario determinar las fronteras y sobre todo mantener el carácter judío y democrático de Israel, con una mayoría judía sólida y con derechos y diálogo con la minoría árabe sobre todo.

NS: ¿Creés que en Israel existe una total libertad de prensa?
HC: Creo que total libertad de prensa no existe en ningún lugar. En Israel existe mucha más libertad de prensa que en algunos países europeos que conozco, que son considerados grandes democracias. En Israel la prensa ha llevado a la cárcel a un Primer Ministro, un Presidente de Israel, Jefe Estado, Ministros de Finanzas y a Ministros de Salud, no he visto eso en ningún otro país. La potencia de la prensa en Israel es brutal. Es cierto que hay un intento, en este momento, por parte de algún sector del gobierno, de controlar parte de la prensa pública. Espero que no tenga éxito y que de alguna manera la prensa comprenda dos cosas. La primera que debe seguir siendo libre. La segunda que estamos en una plena revolución en la que los periódicos, las televisiones si quieren sobrevivir tienen que cambiar porque estamos entrando al mundo de las redes sociales, en el mundo de Internet.  Creo que la prensa va a vivir una revolución aún más grande de la que estamos viviendo hace algunos años.

NS: Las próximas son dos preguntas muy vinculadas una con la otra: ¿Cuál crees que es el rol de los medios en Israel? ¿Creés que los medios masivos de comunicación en Israel tienen la misma influencia política que en otros lugares del mundo, por ejemplo aquí, en Argentina, donde los medios crean realidades?
HC: En Israel también. Obviamente hay una influencia. Lo que ocurría tradicionalmente con la prensa israelí era algo que me enorgullecía muchísimo en los grandes diarios podías ver, hace quince o veinte años, gente de derecha, de centro y de izquierda, todos los colores políticos en los distintos medios de comunicación. Lo que ocurrió en los últimos años es que surgen medios de comunicación con un tinte político muy determinado. Haaretz se convierte en el portavoz de la izquierda. En Israel prácticamente no es leído, pero tiene mucho poder por ser publicado en inglés y por su prestigio fuera de Israel. Los diplomáticos y los corresponsales extranjeros lo leen. Es un bastión de la izquierda debilitada en los últimos años. Israel HaYom es un periódico que todo su capital viene del mentor del Primer Ministro y que viene para defender las políticas del Primer Ministro. Es algo que no había existido jamás en Israel. El Primer Ministro intenta de alguna manera que el nuevo canal público, el Canal 1, que está surgiendo ahora y que está pasando una pequeña revolución también, se convierta en un canal que no moleste al gobierno. Que no haya voces críticas. Lo está intentando, no creo que lo vaya a conseguir al final porque hay mucha resistencia. Pero hay todo tipo de ‘anomalías’ que son muy interesantes, que me alegran muchísimo. Galei Zahal, la radio militar, está hecha por soldados de 18 a 21 años, chicos que están con uniforme. Es una de las radios más democráticas que hay en Israel, una de las que los políticos más tiemblan ante lo que ellos publican. Esto solo puede ocurrir en Israel.

NS: Durante el último año en Israel estuvo muy presente el debate sobre israelíes que emiten críticas públicas a las políticas de gobierno ante medios y organizaciones en el exterior, como el debate sobre Shovrim Shtika y Betzelem o las recientes críticas a Hagai El-Ad por hablar en la ONU. Como corresponsal ante medios del exterior y a la vez como ciudadano israelí, ¿te sentís con libertad de informar y emitir opiniones críticas sobre las políticas de Israel?
HC: Cuando hace falta hacerlo desde un punto de vista informativo, habiendo elegido esta profesión, no me queda otra alternativa. Cuando hablo no como periodista, sino como ciudadano, como estoy haciendo aquí ahora brindando conferencias en la Argentina, siento la necesidad y creo que así se debe de hacer, ser cauto en las críticas hacia el gobierno. Cuando critico al gobierno, lo hice el sábado pasado en un programa de radio en Israel con mucha dureza, y sé que hubo reacciones. Cuando lo hago, lo hago dentro de Israel. Fuera de Israel, creo que hay que cambiar el tono. No estoy a favor de ir a la ONU y de empezar vociferar contra Estado de Israel. Si querés cambiar la realidad de Israel, hazlo en casa y no fuera.

NS: Pero en Israel mismo se están censurando voces críticas en la academia, se investigan a las ONGs de izquierda, ¿qué pensás acerca de ello? ¿Se puede la realidad de Israel en casa?
HC: Gracias a Dios, y gracias a nosotros, vivimos en una sociedad democrática, en donde la crítica no solamente debe existir, sino que es necesaria. No creo que haya que limitar y empezar a investigar con la Interpol y Sherlock Holmes cada ONG que emite algún tipo de posición crítica hacia algunas de las políticas del Estado de Israel. Bajo ningún concepto se debe permitir que eso siga así. Sin embargo, debo decirte que personalmente me siento un poco incómodo cuando veo lo que representa que organizaciones israelíes estén yendo a instituciones internacionales para acusar a Israel. Esta es una posición mía. Estoy orgulloso de vivir en un país que eso es posible, es legal y así debe de ser, aunque claro una cosa es la cabeza y otra el corazón. El cambio no va a venir de esas críticas en la ONU o en la UNESCO, o en otro tipo de organizaciones internacionales. El cambio de lo que haya que corregir dentro de la sociedad israelí, va venir por la crítica dentro de la propia sociedad.

NS: ¿Creés que los judíos en la diáspora tienen que ser obsecuentes con las políticas del Estado de Israel y defenderlas o pueden criticarlas intentando ejercer presión para modificarlas y ser un factor también influyente? ¿No pensás que un vínculo más real sería si se puede incluir la crítica?
HC: En cuanto a las comunidades judías si se tienen que alinear con Israel o no en todas sus políticas claro que no. Es obvio que las comunidades judías tienen que mantener un consenso en un aspecto que me parece primordial y que hoy en día ya se pone en duda en muchos foros que yo acudo en Europa, Estados Unidos o incluso América Latina, y me refiero al derecho de Israel a existir. En ese aspecto creo que toda la comunidad judía mundial por un lado, e incluso toda persona de bien en el mundo, tiene que aglutinarse alrededor de esto. Los judíos tenemos derecho a tener un Estado y puede haber críticas a ciertas políticas de ese Estado. Eso es legítimo. Pero esas críticas no pueden pasar una línea roja y convertirse en antisemitismo que ocurre cada vez más. Sobre todo los últimos años en los que no hay un proceso de paz, es más políticamente correcto para ciertos sectores de la izquierda dura o incluso de la derecha dura, criticar a Israel y poner en duda su derecho a existir. Esa es una línea roja a todos los niveles, yo me encuentro en la primera fila del combate contra ello. Criticar una política de un gobierno o de un Primer Ministro concreto es lo más legítimo, lo más aceptable, ojalá siempre nuestras sociedades sean democracias que permitan este hecho. En cuanto al vínculo entre Israel y la diáspora debo decirte que creo que de alguna manera hay una solidaridad. Hay ocho millones de judíos que viven en el mundo, son más de los que viven en Israel aún, un poquito más. El presidente Rivlin habló de las cuatro tribus de Israel, yo creo que a la diáspora habría que presentarla como la quinta tribu, la mayor, la más numerosa, con la que hay que mantener también vínculos. Él dijo que hay que crear un denominador común entre esas cuatro tribus de Israel: los laicos, los religiosos nacionales, los Haredim (los ortodoxos) y los árabes. Creo que el denominador común es muy importante entre estos cuatro grupos pero hay que añadirle la diáspora. Para ello quizás haya que crear nuevos instrumentos del siglo XXI. Tenemos problemas comunes que resolver en tantos campos. La lucha contra la asimilación, quizás el más urgente de todos, pero también el reconocimiento de otras corrientes judías religiosas, el diálogo sobre cultura, sobre identidad, tantos aspectos que nos unen y que nos seguirán uniendo. Para mantener a todos los judíos del mundo, para preservar su identidad, como decía Martín Buber, para enriquecer su esencia y no solamente su vivencia y su vínculo con Israel y con el pueblo judío, Israel el único Estado Judío, hace falta crear probablemente nuevos instrumentos. Empecé a hablar en Israel hace pocos días de algo que es bastante revolucionario entiendo, pero quizás al menos provoque un debate que lleve en el futuro a encontrar alternativas y soluciones a estos problemas. Me refiero a la creación de un senado judío paralelo a la Knesset de Israel con representación de la diáspora y que debatan, no el futuro de los chicos israelíes que están en la guerra luchando, que van al frente o hacen el ejército, porque no son esos judíos de la diáspora ciudadanos de Israel para hacerlo, pero sí tienen que tienen debatir sobre todos las otras cuestiones de las que hemos hablado, la identidad judía, religión, educación judía.

NS: ¿Conocés qué pasa con la prensa y los periodistas árabes israelíes? ¿Existe algún contacto entre colegas?
HC: Claro que existe. La prensa árabe en Israel es parte de la problemática de la comunidad árabe en Israel. Creo que una de las asignaturas pendientes que tenemos, en eso estoy totalmente de acuerdo con el presidente Rivlin, es acercar a las distintas tribus que hay en Israel, tantos los Haredim, ortodoxos por un lado, los Datim Lehumim, los religiosos nacionales por otro lado, y la comunidad árabe. Creo que de eso depende el futuro de Israel. Que creemos un denominador común más amplio dentro de la sociedad israelí. La comunidad árabe israelí y los periodistas árabes israelíes sufren un poco el pos trauma por lo que ocurre en el mundo árabe alrededor de Israel. Ellos ven lo que sucede con las revoluciones árabes, sobre todo lo que pasa con el Estado Islámico en los últimos dos años y medio. Ellos son conscientes que su situación dentro de Israel, con todas las quejas de discriminación que tienen, a veces totalmente justificadas, no son nada comparables con lo que ocurre alrededor de Israel, donde se puede matar indiscriminadamente personas. Hablamos de quinientas mil personas muertas en Siria y cientos de miles más en Libia, en Yemen, en Irak. Por lo tanto, ellos miran esa realidad tan terrible y ‘off the record’ mis compañeros me dicen, aquí no estamos tan mal. Por lo menos aquí podemos votar, por lo menos aquí podemos vivir y no nos vienen a matar. ¿Sabés quién dice esto con más fuerza? La comunidad cristiana de Israel. Los árabes cristianos, que son más de cien mil, ven como en todo Medio Oriente les están persiguiendo, los están liquidando prácticamente y echando de sus pueblos. En Israel logran vivir y viajar. Cuando me voy de vacaciones con mi familia, los veo en el avión yendo como yo a veranear a algún lugar en Grecia o Turquía. Tienen una vida económica bastante próspera, a pesar que su punto de partida es inferior y hay mucho que hacer allí. Te diré que hay un periodista árabe israelí, que no diré su nombre para no complicarlo, que es un amigo íntimo mío hace más de veinte de años. Recuerdo que él, tenía un poco de bronca hacia el gobierno de Israel y hacia los judíos. Lo fundamentaba diciendo que habían sacado tierras de su padre, nunca lo investigué a fondo, y que habían provocado un fenómeno de refugiados. Hace unos días le nació una niña pequeña, Li. Le pregunté: ‘amigo Zalal, ¿qué quisieras tú para Li dentro de veinte años?’. Y me contestó: ‘mi sueño es que sea la nueva Yonit Levi, la presentadora de canal 2 de informativos en hebreo’. Creo que también algo ocurre dentro de la sociedad árabe israelí, algo positivo, no sólo negativo. Hay un fenómeno muy negativo, que no puedo evitarlo o ignorarlo. Calculo que unos ciento cincuenta mil árabes israelíes apoyan el movimiento islámico israelí del Jeque Rahed Salah que, en mi opinión, es un grupo más peligroso que Hamás y que está dentro de Israel. Es una auténtica quinta columna. Creo que una de las asignaturas pendientes es ver qué se hace con ese sector, como se lo aísla dentro del mar de un millón seiscientos mil árabes israelíes que representan un veinte por ciento de la sociedad.

NS: ¿Qué rol considerás que tienen los artistas e intelectuales críticos en Israel?
HC: Todo el rol del mundo. Me parece legítimo que hagan sus críticas, es su función, es su derecho como ciudadanos.

NS: ¿Creés que son la conciencia de la sociedad israelí en relación al conflicto, a la discriminación tanto en relación a los árabes como también dentro de la sociedad israelí?
HC: Estoy muy orgulloso de que exista la crítica. Apoyo la crítica desde una posición constructiva, no desde una postura destructiva. Me niego a aceptar propaganda contra Israel que sirve a los intereses de aquellos que están intentado exterminar a Israel. Eso me hace sentir ira. Somos un país joven, con sus defectos y virtudes, que está luchando por subsistir y por enraizarse y seguir existiendo y estando. Entiendo la crítica y creo que es constructiva. La crítica mejora siempre y cuando no sea de aquellos que vienen, en el fondo, a pedir el fin del Estado de Israel.

NS: ¿Creés que en la sociedad israelí todavía está presente la lucha por la subsistencia o ya está garantizada? ¿Es un tema psicológico o geopolítico?
HC: Tiene muchos aspectos psicológicos. Creo que las posibilidades de que Israel deje de existir por motivos de ataques árabes son hoy en día menores, casi te diría ínfimas o nulas. No hay miles de tanques, no existen cientos de aviones de combate, como había antes de las revoluciones árabes cuando existía Siria e Irak. La situación geopolítica de Israel es totalmente distinta. Veo oportunidades en esta nueva situación. Creo que el Estado Islámico e Irán cambiaron el juego, barajaron de nuevo las cartas de forma que Israel tendría que aprovechar esta oportunidad uniéndose al frente sunita. Acercándose a los países árabes pragmáticos como Egipto, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes, Qatar, Marruecos, Jordania. Creo que es una oportunidad única que se da en este momento, sé que hay un diálogo muy próximo a ello. Por lo tanto no creo que la destrucción de Israel venga como se pensaba antes, que los árabes nos iban a tirar al mar. Hay amenazas al futuro del Estado de Israel. Sobre todo al carácter de Israel, esto viene vinculado a muchas cuestiones internas, a luchas entre nosotros mismos, dentro de la propia sociedad y de los distintos sectores de la misma. Tengo la impresión de que a parte de la izquierda israelí le gusta demasiado, y se equivoca, cuando hace el mea culpa. Todo es culpa nuestra. Mañana nosotros vamos a los árabes y tenemos la paz, la paz eterna. Los invito a que vengan conmigo a alguno de mis viajes y verán como las cosas no son tan simples. Para bailar el tango hacen faltan dos, no uno solo. No depende de nosotros con toda nuestra arrogancia. No podemos determinar el futuro solos, tenemos que tener socios del otro lado también que lo quieran hacer. La derecha dura israelí lo que hace es poner en peligro el futuro del Estado de Israel. Cuando hablo de peligro del futuro es porque cree que Dios vendrá, nos ayudará y nos resolverá los problemas. No importa que no tengamos una mayoría judía, máximo se sacrifica un poquito de democracia en bien del carácter judío de Israel. No puede ser así… no, para eso no llegué con 16 años a Israel. Llegué para vivir en un Estado judío de verdad. Creo que debe seguir siendo judío, con mayoría clarísima judía, pero también un Estado democrático. Llegó el momento de determinar las fronteras de Israel. Llegó el momento a casi a siete décadas que Israel madure.

NS: ¿Si tendrías que elegir el carácter del Estado entre judío y democrático, cuál sería tu elección? ¿Creés que al día de hoy estados teocráticos o religiosos tienen cabida o deberían ser estados democráticos y de sus ciudadanos?
HC: En mi opinión no creo que haya otra alternativa para que el Estado siga existiendo como lo conocemos. Tiene que ser judío y democrático a la vez y ninguno de estos conceptos va por delante del otro. Están los dos a la misma altura.

NS: El diputado árabe-israelí Ahmad Tibi decía que el Estado de Israel es judío y democrático, pero lástima que es judío para los árabes y democrático para los judíos.
HC. Eso es algo que hay que corregir. Ahmad Tibi es un hombre muy inteligente. No estoy de acuerdo con él en muchas cosas, pero en este caso creo que tiene razón. Hay que crear el denominador común del que habla Rivlin, hay que ampliarlo. Creo que nosotros tenemos que hacer una alianza estratégica con la minoría árabe de Israel. Tenemos que darles derechos, los mismos derechos que tienen mis hijos deben tenerlos los hijos de mi amigo. Iguales, las mismas posibilidades. Creo que la comunidad árabe-israelí, para terminar de integrarse a la sociedad, debe hacer un servicio civil. No los obligaremos a ir al ejército si no quieren. Que trabajen en colegios, en las universidades. ¿Por qué en un año y medio voy a tener tres soldados en el servicio militar, mis hijos, mientras ellos pueden enviar a los suyos a la universidad con dieciocho años? A la edad que mis hijos terminan el ejército ellos ya son Licenciados, ¿por qué?

NS: Los derechos y obligaciones tienen que ser iguales…
HC: Obviamente. Creo que además es un poco como con los Haredim, los ortodoxos. En el momento que ellos hagan algún tipo de servicio social para el Estado, se van a integrar más en la sociedad, tendrán más igualdad de derechos. Sé que los Ministerios, justamente del gobierno actual, están haciendo algo bien, integrando más jóvenes árabes como funcionarios en los distintos ministerios.

NS: Me dijiste que eras optimista por lo cual puedo intuir la respuesta a esta pregunta, pero te la quiero hacer igual. ¿Creés que es posible concretar la idea de dos Estados para dos pueblos? ¿Esto tendría apoyo dentro de la sociedad israelí?
HC: No tenemos otra alternativa. La alternativa a eso, es el Estado binacional, que se convertirá en un Estado árabe a mediano plazo. Si quiero que el Estado siga siendo judío y democrático tengo que aceptar y poner en marcha la fórmula de los dos Estados. Hoy por hoy, el problema es que hay tres entidades. Hay dos palestinas y un Israel. No puede ser que Gaza continúe en manos de Hamás y Cisjordania en manos de Mahmud Abbas, de la Autoridad Palestina, y que Abbas no se atreva a visitar Gaza en la última década porque lo matan. Tienen que entenderse entre ellos. Ahora si me preguntás si la fórmula de los dos Estados va a ser conseguida tal como intentamos decenas de veces en negociaciones bilaterales con los palestinos, creo que no. Creo que el paradigma bilateral no está muerto pero está moribundo. La única fórmula para dar pasos adelante quizás no sea la paz mesiánica, eso tardará quizás mucho tiempo, si es que llega algún día. Para dar pasos adelante, sirviendo además a los intereses nacionales del Estado de Israel, es el diálogo en un marco regional con los países árabes sunitas que tienen interés en terminar con esa papa caliente que es el tema palestino, que los afecta a ellos dentro de sus propios países con sus opiniones públicas. Apoyo profundamente la iniciativa del líder de centro Iair Lapid de llevar a cabo una conferencia de paz regional, en el primer momento que sea posible. Partir hacia una negociación en que por un lado negociemos con los palestinos, pero por el otro, con el mundo sunita, que tiene mucha influencia sobre los palestinos, nos ayudará a convencerlos que la paz es resultado de un compromiso. Un compromiso significa que las dos partes tienen que pagar. No puede ser que los palestinos pidan a Israel que dé un cien por ciento y ellos queden con el cien por ciento. No es posible. Hay un compromiso y ellos tienen que aceptar que van a tener que pagar un precio y posiblemente cualquier arreglo futuro cuando llegue, como decía Shimón Peres, será un buen arreglo cuando deje a todos insatisfechos.

NS: Por lo que estás diciendo veo que hay un corrimiento del eje de quienes serían los nuevos actores que mediarán en un futuro acuerdo de paz, que no es ni Estados Unidos ni Europa.
HC: Europa y Estados Unidos tendrán que apoyar. Decía Einstein que es una estupidez una y otra vez hacer lo mismo pensando que el resultado será distinto, y no, no puede ser. Creo que el equipo Clinton, con el que tengo contacto cercano, entendió que la vía bilateral a la que Obama se sigue refiriendo como la única existente, no trae solución, al menos en el corto plazo. La única solución es traer al mundo árabe a los palestinos. Porque eso le dará a las dos partes beneficios de ese acuerdo. Eso será algo que motivará a las opiniones públicas a llegar a algún tipo de compromiso doloroso, que es terrible para las dos partes. A los palestinos les ayudará a tener un mentor con una buena chequera para construir un Estado. Construir un Estado no es fácil, y no lo han hecho demasiado bien hasta ahora. Si tienen a los egipcios, a los saudíes, a los jordanos, a los marroquíes, a los emiratos, ayudándolos económicamente. Ayudándolos como mentores para evitar la corrupción en Palestina, que existe infelizmente, creo que les dará una ventaja y un punto a favor. Sé que Abbas y su entorno apoyan esta fórmula regional. El público israelí, en cambio, verá que Israel podrá hacer relaciones diplomáticas y comerciales con decenas de países árabes y musulmanes. Se habla de hasta cincuenta y siete, lo que supone el doble de la Unión Europea. Imagínate el mercado. Me decía el príncipe Turki Bin Faisal de Arabia Saudita, quien fue Jefe de la Inteligencia saudí y Embajador en Estados Unidos, ‘imagínate lo que podemos hacer con vuestra cabeza y con nuestro poder económico juntos’.

NS: Esto trae un cambio de paradigma en la sociedad israelí que siempre miró a Europa y Estados Unidos, ahora tendrá que verse en el Oriente. Es un cambio muy fuerte en Israel verse más ligado en la geopolítica y región que habita.
HC: Lo aplaudo. Vuelvo al comienzo de tu entrevista, cuando me preguntaste qué llevé yo de mi propia identidad a Israel. No tenemos que olvidarnos que una parte de los judíos de Israel es oriental, es sefaradí, trae toda esa cultura, han sido reprimidos durante años en los principios de Israel por las élites polacas y rusas. Hay que agradecerles el haber creado el Estado, pero hoy por hoy, en la situación actual con la nueva generación mizrají, oriental, sefaradí, hay que darles parte de la cultura, de la política, del ejército, parte de todo lo que es Israel hoy en día. Por lo tanto aplaudo el que ellos se integren y entren dentro de la sociedad y tomen posiciones de mando, sueño con el día que tengamos un Primer Ministro mizrají.

NS: Fuiste elegido para escribir la biografía actualizada de Shimón Peres Z’L, me imagino que además de la investigación que realizaste, habrás tenido encuentros con él. ¿Existió alguna pregunta que no te animaste a hacerle? ¿Discutiste sobre diferencias de perspectivas entre lo que te contaba y vos pensabas distinto a él?
HC: Decenas de veces discutí con él. Cuanto más discutíamos más le gustaba a él. A él no le gustaba los yes man, gente que va y le dice que sí. Peres era grande a ese nivel, tenía una profundidad intelectual extraordinaria. Al principio sospechaba que aquello que decía que leía libros de forma permanente, a lo mejor era un poco una exageración y que no era totalmente en serio. Descubrí que era verdad. Leía los libros por la noche, prácticamente no dormía, era su gran secreto. Dormía cuatro horas por noche. Tenía una capacidad intelectual para asimilar toda esa información y para convertirla, como te contaba antes, en lo que yo vi en Argentina. Era un grande de verdad. No es casual que todo el liderazgo mundial se reunió en el Monte Herzl para su entierro. Fue realmente muy emotivo, muy triste, una separación, una despedida realmente triste a nivel también personal.

NS: No puedo dejar de preguntarte por el argentino más famoso, que no es Diego Maradona, sino el Papa Francisco. ¿Considerás que realmente sus acciones en pro de la paz pueden tener efectos concretos o son solamente gestos testimoniales con una gran esperanza espiritual?
HC: No es casualidad que Peres y Francisco tuvieran una química extraordinaria, porque tienen mucho en común.

NS. Será porque los Franciscanos son estudiosos e intelectuales…
HC: No sé si todos son como el Papa Francisco. De verdad es intelectual, lee mucho, tiene una curiosidad feroz, te pregunta, quiere saber, asimila, se acuerda. También es un señor que va a cumplir ochenta años, es admirable verlo. Lo que me llamó mucho la atención durante estos años es que es un estadista. Es un hombre que ve el futuro. Que piensa varios pasos por delante. Es un estratega. Como estratega que es, y como persona que casi no tiene ego, es increíble también. Al principio pensaba que era una representación, lo mismo que con Peres. De verdad es de una humildad que me deja boquiabierto muchas veces. Es una persona que le gustan los seres humanos. Es un gran amigo del pueblo judío, no tenemos amigos así. He tenido con él conversaciones que no voy a olvidar jamás, parte conté, parte no conté. Realmente es un gran amigo del pueblo judío. También tiene otra cosa que es fascinante, como no tiene elecciones, no depende de lo que ocurra en las urnas en dos años, piensa en el futuro de la humanidad. Piensa en lo que va a ocurrir en el mundo en los próximos años cuando él ya no esté, cuando él ya no pueda más. Está invirtiendo para conseguir resultados a largo plazo. No creo que haya ningún líder político en el mundo que lo logre hacer. Quizás el nuevo Secretario General de la ONU, Guterres, que va a estar probablemente una década. Eso es una eternidad para el mundo actual. Fue elegido por una unanimidad, es socialista y es católico también. Quizás si logramos crear una coalición internacional del Papa con Guterres, quizás ellos puedan hacer algún cambio, yo espero que así sea.

NS: Por último si querés dejarnos una recomendación de una película o un libro israelí que te haya marcado y contamos por qué.
HC: ¿Israelí tiene que ser precisamente? Porque justo Peres me recomendó en una de nuestras conversaciones el mejor libro que había leído que fue La hija de Stalin. Lo había impresionado. He intentado conseguirlo aquí pero no lo logré aún, creo que no existe en español. Lo voy a comprar en inglés porque creo tengo mucha curiosidad por saber de qué se trata y porque me dijo que era el mejor libro que había leído.

NS: Y alguna película…
HC: Sabés que... últimamente es increíble como las series de televisión están superando al cine. No te voy a nombrar ninguna, pero las series de televisión están cambiando todo y el cine está viniendo a casa. El cine no va a morir, va a seguir existiendo. Estoy muy orgulloso del cine israelí. Casi sin medios económicos están logrando conquistar el mundo, veo películas en decenas de festivales. Permíteme que te cuente que estoy muy orgulloso de la serie que realicé con mi equipo recientemente que es Yihad Now, Yihad Ahora. Es una serie de documentales de cuatro horas en los cuales trabajamos tres años. Intentamos explicar las raíces de Al Qaeda, del estado islámico, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Fue una serie que me dio un trabajo monstruoso. Está teniendo muy buena aceptación en Israel. Es candidata al documental del año en el equivalente al Oscar israelí. Creo que va a empezar a dar la vuelta al mundo y espero poder traerla a la Argentina.

1. Alguien que tiene Jutzpá. Intentar definir la palabra Jutzpá o Jutzpe (en idish) no es tarea fácil ya que admite múltiples sentidos, según el contexto y situación que sea utilizada la palabra. Entre estas múltiples acepciones, podemos acercarnos a conceptos como atrevimiento, audacia, insolencia, irreverencia, impertinencia, descaro y por qué no ‘caradurismo’ entre tantos otros sinónimos en ese mismo sentido. Aunque no podamos precisar totalmente su significado, sí podemos intuir al lugar que nos quiere remitir la Jutzpá. Nos consigna al lugar de la incomodidad, de la inconformidad, de la imperfección, de la búsqueda, de la pregunta, de lo instituyente, del cambio, nos invita a revelar lo aún no dicho, no escrito, a lo aún no leído.

2. Kiriat Moriah: Centro educativo de la Agencia Judía para Israel.